Machismo asesino y el silencio cómplice de los partidos políticos

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Ojo, yo guardo en mi memoria el silencio de quienes deberían poner voz a la hemorragia continua, a los asesinatos de mujeres en manos del machismo. No escucho en sus discursos, en sus ruedas de prensa, ni en sus artículos apenas nada. Acaso alguna mención aparentemente sentida, pero para pasar de inmediato a algo más “interesante mediáticamente hablando”: No me vengáis después pidiendo votos, ni café, ni hostias. Seguid hablando de si la nieve es blanca o gris, de si en una lista o en otra, de si me siento en el sur o en el norte, cuando este país lleva 23 mujeres asesinadas en lo que va de año. Os podéis ir a la mismísima…

Basta de recortar en planes de prevención, en casas de acogida, en personal especializado, en acompañamiento, en educación en igualdad.

¡Ni un asesinato Más!

Mi Halloween en Illinois

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El frío y el viento se colaban por las ventanas del apartamento. Un quinto piso, bien iluminado y rodeado de árboles centenarios. La velada prometía mantas y whisky en esa primera noche de Halloween en Illinois.  La bibliotecaria más rara del mundo me había invitado a última hora a su fiesta, pero ya era tarde. Tenía puesto el pijama y, cuando yo me pongo el pijama, se cierra la vida social y empieza mi otra vida. Además, debía atravesar la ciudad hasta la otra punta de Champaign y luego negociar la vuelta en coche con alguien a quien podría conocer o no. Mal rollo. Mejor quedarse en casa.
La noche era oscura y punzante. Mi calle hacía esquina con la temible Elm Street, que es algo así como la Calle Mayor en nuestras ciudades, siempre hay una. El viento, lejos de darnos una tregua, atizaba con furia el apartamento. Yan Hui y Li Ping se habían ido a una de las muchas fiestas de disfraces típicas de Halloween. El tontarras también. Después de ver en la tele una película de psicópatas y de tomarme un generoso whisky, me acordé de que tenía ropa sin lavar. Pensé que no habría nadie en el sótano, lugar donde se instalan normalmente las lavanderías, así que bajé con mis cestas, detergentes y monedas.
Allí tocaba esperar al lavado y posterior secado. Yo, como todo el mundo, aprovechaba para leer durante esa media hora larga y aburrida. Toda la gente del Campus y del bloque de apartamentos estaba de fiesta. Halloween es una celebración muy importante en EEUU. Todo el día con la calabazas encendidas, las golosinas, los trajes de disfraces… En fin, una mezcla de mal gusto y cursilería infinita.
Estaba a punto de sacar la ropa de la lavadora cuando oí unos pasos que bajaban por el estrecho pasillo del sótano. Me pareció raro que alguien bajara pasadas las once de la noche a hacer la colada. Bueno, alguien sin planes para esta noche como yo, pensé. Pero no, lo que bajó fue un oso-lobo gigantesco, un monstruo enorme de unos dos metros, que se movía de un lado para otro dándose cabezazos contra las estrechas paredes. Aterrorizada, busqué una salida, pero la única puerta estaba cerrada. Para salir debía derribar al tipo que vestía de oso y que no paraba de gritarme algo así como “dtmhu ‘u harfgs coimpfbns… coins”. Se acercaba hasta mí y me enseñaba la mano. Yo, cada vez más asustada, empecé a chillar. Fue entonces cuando el tipo se quitó la cabeza de oso y  apareció ante mí un hombre rubio sudoroso, colorado y casi sin respiración, que me suplicaba en un inglés cargado de cerveza y asfixiado por el calor: “¡NO TE ASUSTES,  VENGO A COGER LA ROPA!,  ¿TIENES MONEDAS?”.
Aquello me tranquilizó muy poco. Sólo cuando salí de allí y me encerré en casa, comencé a respirar. El resto de la noche fueron sucesivos lingotazos de whisky con helado de chocolate y alguna lágrima de rabia y de vergüenza por la situación vivida. El tipo me había parecido un potencial psicópata, pero sólo era un vecino disfrazado de hombre-lobo, eso sí un monstruo de dos metros que hablaba y hablaba con los brazos abiertos.
Cuando Yan Hui, Li Ping y el tontarras volvieron a casa, ya de madrugada, me preguntaron: “¿Qué, aburrida?” “Sí, muchísimo”, les dije.
Al día siguiente la anécdota fue la comidilla en el vecindario, pero yo tardé varios días en contar en casa lo ocurrido. Ha pasado mucho tiempo y hoy lo he vuelto a recordar. Lo comparto con vosotros. Tened cuidado, no hagáis la colada una noche como ésta. Mucho cuidado.

Y ahora para tener información seria sobre los orígenes de esta celebración, os sugerimos que visitéis Innisfree

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El otro vía crucis

Yo creo que Jesucristo esta Semana Santa estaría de acuerdo en ceder su vía crucis a los miles de refugiados maltratados por los estados europeos. Él como gran ser que fue seguro que piensa que ya ha tenido mucho tiempo su obra en cartel y que ahora son otros los que sufren y son ahogados en el barro de una Europa cada vez más inhumana. Siguiendo el rastro de los primeros cristianos, no del marketing ni de los compiyoguis de la religión, puedo asegurar que Jesucristo estaría hoy en los campos de refugiados, jamás, jamás, detrás de ninguno de los pasos.

 
Aviso para gente con ganas de linchamiento: este post lo he escrito desde la educación, pero también desde el dolor que me provocan estos días al encender la televisión y pasar de las imágenes crueles de niños muertos de frío en Calais a los pasos religiosos de la Semana Santa. Yo no soy creyente, pero de vez en cuando hablo con Jesucristo, o con Dom Pedro Casaldáliga que es el hombre más cercano a Jesucristo que conozco. Dom Pedro que vive en la Tierra. Dom Pedro, al que amo y respeto sin condiciones.
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Oscar Campos, rescata a un bebé en Lesbos.
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