Medio Ambiente y Miedo Ambiente

En España se confunde Medio Ambiente con Miedo Ambiente, empezando por sus ministros y ministras, pero también por una buena parte de la sociedad, incluidos partidos de todo el arco político. Tenemos un déficit muy grande. Tant@s poetas y tan poco respeto al medio ambiente me confunde. Necesito mucho zumo para tragar la información de estos días sobre la caza y los hijos de la caverna.

“Los bosques preceden a las civilizaciones, los desiertos las siguen.” François-René Chateaubriand.

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Fotografía de Konsta Punkka.

George Bernard Shaw, saboteadoras de la caza y un poco de historia

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bernard-shawGeorge Bernard Shaw nació en Dublín en 1856
, fue Premio Nobel de Literatura, ganador de un Oscar al mejor guion y además un excelente concejal en el distrito de Pancras, Londres. Shaw se levantaba cada mañana muy temprano y escribía sobre la necesidad de universalizar la sanidad, garantizar la educación gratuita para todo el mundo, acabar con la explotación infantil y luchar para que los accidentes de trabajo no fueran el final de una vida.

Shaw, desde su pequeño cobertizo, escribía también sobre el horror de la caza y apuntaba hacia los cazadores con balas llenas de ironía e inteligencia.  “Cuando un hombre caza y mata a un tigre, lo llaman deporte; cuando un tigre se defiende y mata al cazador lo llaman asesinato” (ferocidad). George Bernard Shaw era un visionario, un hombre adelantado a su tiempo al que le gustaba organizar tertulias literarias donde hablaba de nudismo, vegetarianismo y cómo acabar con la caza. Cuando nos recriminan a los amantes de los animales que solo nos importan los perros o los gatos, me gusta recordarles a gente como a Shaw, un concejal que luchó por los derechos de las personas y los derechos los animales, y que seguro que nos acompañaría este próximo 5 de febrero en las manifestaciones contra la caza que se van a celebrar en veinticinco ciudades, ya que él también era un activista anticaza.

Shaw murió en Inglaterra en 1950. Lo hizo, según sus amigos más cercanos, soñando con el final de la caza del zorro y de la caza en general. Este era el sueño de Shaw. A finales de los 50 y principios de los 60 fueron tomando fuerza, mucha fuerza, los movimientos de saboteadores de la caza en el Reino Unido.

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Primeras saboteadoras de la caza del zorro

Un movimiento lleno de mujeres, impulsado por mujeres.  A veces pienso en el valor y la importancia histórica de estas primeras saboteadoras. Imagináoslas:   Saliendo de madrugada sigilosamente hasta llegar al lugar del crimen, de la caza, e irrumpiendo allí con gritos, con canciones, con mucho ruido para ahuyentar a los animales que iban a ser cazados. Interponiéndose entre el cazador montado a caballo y su rifle. Poniendo sus vidas en peligro. Afortunadamente desde hace años la caza del zorro está abolida en todo el Reino Unido. Y estoy segura que desde entonces George Bernard Shaw sonríe desde el otro mundo.  Estamos enlazados, Shaw, las saboteadoras de los años 60 y todas las personas que estamos contra la caza, la gente de NAC y tanta otra gente en todo el mundo.

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Saboteadoras de la caza del zorro

No lo olvides, el 5 de febrero, acude a la manifestación más cercana.

En Zaragoza, a las 12:00 horas en C/ Alfonso, 1.

Os esperamos.

Fotos tomadas de la página del archivo de la League Against  Cruel Sports. 

Entrelobos

Recopilando información sobre lobos, así llevo varios días. Empiezo a sentir los síntomas.

Aúllan cien lobos en mi taza de café,
yo les respondo bajito
desde un bar con memoria de bosque,
esperadme, amigos.

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La mirada de los lobos rojos

La mirada de los lobos rojos, uno de los animales más amenazados del planeta. Rojizo cerca del hocico, detrás de las orejas y en la parte posterior de sus extremidades.
“Apenas quedan cincuenta en EE.UU, en Carolina del Norte y Carolina del Sur y en  Pensilvana. El año pasado fueron asesinados varios. Para combatir estos asesinatos, la Federación Nacional de Vida Salvaje ofrece recompensas que ascienden a los 33 000 dólares, para motivar a las personas a brindar información relacionada con los ataques y ayudar a que los implicados en estos sucesos sean procesados acorde a la ley. La pérdida de incluso un solo ejemplar se considera ahora un crimen federal”.

 

Mi Halloween en Illinois

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El frío y el viento se colaban por las ventanas del apartamento. Un quinto piso, bien iluminado y rodeado de árboles centenarios. La velada prometía mantas y whisky en esa primera noche de Halloween en Illinois.  La bibliotecaria más rara del mundo me había invitado a última hora a su fiesta, pero ya era tarde. Tenía puesto el pijama y, cuando yo me pongo el pijama, se cierra la vida social y empieza mi otra vida. Además, debía atravesar la ciudad hasta la otra punta de Champaign y luego negociar la vuelta en coche con alguien a quien podría conocer o no. Mal rollo. Mejor quedarse en casa.
La noche era oscura y punzante. Mi calle hacía esquina con la temible Elm Street, que es algo así como la Calle Mayor en nuestras ciudades, siempre hay una. El viento, lejos de darnos una tregua, atizaba con furia el apartamento. Yan Hui y Li Ping se habían ido a una de las muchas fiestas de disfraces típicas de Halloween. El tontarras también. Después de ver en la tele una película de psicópatas y de tomarme un generoso whisky, me acordé de que tenía ropa sin lavar. Pensé que no habría nadie en el sótano, lugar donde se instalan normalmente las lavanderías, así que bajé con mis cestas, detergentes y monedas.
Allí tocaba esperar al lavado y posterior secado. Yo, como todo el mundo, aprovechaba para leer durante esa media hora larga y aburrida. Toda la gente del Campus y del bloque de apartamentos estaba de fiesta. Halloween es una celebración muy importante en EEUU. Todo el día con la calabazas encendidas, las golosinas, los trajes de disfraces… En fin, una mezcla de mal gusto y cursilería infinita.
Estaba a punto de sacar la ropa de la lavadora cuando oí unos pasos que bajaban por el estrecho pasillo del sótano. Me pareció raro que alguien bajara pasadas las once de la noche a hacer la colada. Bueno, alguien sin planes para esta noche como yo, pensé. Pero no, lo que bajó fue un oso-lobo gigantesco, un monstruo enorme de unos dos metros, que se movía de un lado para otro dándose cabezazos contra las estrechas paredes. Aterrorizada, busqué una salida, pero la única puerta estaba cerrada. Para salir debía derribar al tipo que vestía de oso y que no paraba de gritarme algo así como “dtmhu ‘u harfgs coimpfbns… coins”. Se acercaba hasta mí y me enseñaba la mano. Yo, cada vez más asustada, empecé a chillar. Fue entonces cuando el tipo se quitó la cabeza de oso y  apareció ante mí un hombre rubio sudoroso, colorado y casi sin respiración, que me suplicaba en un inglés cargado de cerveza y asfixiado por el calor: “¡NO TE ASUSTES,  VENGO A COGER LA ROPA!,  ¿TIENES MONEDAS?”.
Aquello me tranquilizó muy poco. Sólo cuando salí de allí y me encerré en casa, comencé a respirar. El resto de la noche fueron sucesivos lingotazos de whisky con helado de chocolate y alguna lágrima de rabia y de vergüenza por la situación vivida. El tipo me había parecido un potencial psicópata, pero sólo era un vecino disfrazado de hombre-lobo, eso sí un monstruo de dos metros que hablaba y hablaba con los brazos abiertos.
Cuando Yan Hui, Li Ping y el tontarras volvieron a casa, ya de madrugada, me preguntaron: “¿Qué, aburrida?” “Sí, muchísimo”, les dije.
Al día siguiente la anécdota fue la comidilla en el vecindario, pero yo tardé varios días en contar en casa lo ocurrido. Ha pasado mucho tiempo y hoy lo he vuelto a recordar. Lo comparto con vosotros. Tened cuidado, no hagáis la colada una noche como ésta. Mucho cuidado.

Y ahora para tener información seria sobre los orígenes de esta celebración, os sugerimos que visitéis Innisfree

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Arizona way

Un paseo por Arizona…

 

Lobos

Cuando quiero despertar a los gatos de casa, pongo el sonido de estos lobos al máximo y… enseguida aparecen sus siluetas por el pasillo. Es una forma de no olvidar la parte animal que tenemos. Somos manada.

 

 

Construir

Construir en lugar de destruir.


Fotografía de John Loengard.

El mundo de la señora Pop, fragmento

Cada tarde la señora Pop nos enseñaba
a mirar las cosas que no se ven.
Entrenábamos horas y horas en el jardín de su casa,
nos gustaba ajustar los contornos de la luz,
darle de merendar a la oscuridad,
y observar el reverso de la sombras,
hasta que una noche aprendimos a ver las cosas invisibles.

Pelirrojas

 

Fotografía de: Igor Borisov

Texto de Marta Navarro. El mundo de la señora Pop, fragmento

Mis lobas y yo, un poema

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Thelma, Louise y yo, o Instrucciones para ser feliz

Meter libros y una brújula en la mochila;
si no cabe todo,
sacar la brújula,
pero dejar los libros dentro.
Preparar un bocadillo y los cuencos de Thelma y Louise,
cerrar bien la puerta y alejarse de los móviles,
de las correas y de la ciudad
hasta perdernos en el país de los árboles.
Reconocer en el rumor del bosque
la voz de nuestros antepasados,
las canciones de la abuela en la noche interminable de los maquis,
los caminos donde recuperar el olfato,
rastrear la lluvia, rastrear la vida,
las palabras de menta y tabaco de mi padre,
tierra limpia para escarbar horas y horas,
la tos roja y minera de los bisabuelos,
la cima de un monte donde aullar en libertad.
Lejos de los cazadores,
ladra Thelma,
pero cerca de ti, le responde con el rabo Louise
mientras corre ladera arriba.

Y allí, las tres, bajo el cobijo del bosque,
disfrutar nuestra ración de libertad
y ser por unas horas manada,
una manada sin miedo a la vida.

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Marta Navarro García

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