ZEC pide el cierre de la no-colonia felina de Casetas (Zaragoza)

Ni el Guano ni el siniestro edificio de Casetas donde trasladaron a los gatos de Giesa son colonias felinas. Ambos funcionan como un parking donde el concejal de Zaragoza Javier Rodrigo permite que malvivan los gatos, como quien deja objetos, no seres sintientes. Sobre el Guano, hace tiempo que se pide que sea considerado como núcleo zoológico. Del segundo, se reclama una solución urgente a esos animales que viven encerrados, bajo un olor nauseabundo, en un edificio ruinoso y en condiciones de desprotección absoluta.

Es importante que, ante una situación de este tipo que vulnera el método CER, haya concejales que escuchen y actúen. Por eso hay que agradecer a la concejala Luisa Broto, de ZEC, la rueda de prensa que ha realizado hoy en el Ayuntamiento informando, denunciando la situación en la que están y exigiendo la necesidad de actuar y dar una solución ya. Arriba tenéis el vídeo. Y aquí la noticia en Heraldo.es:

noticia RdeP ZEC Heraldo

El desconocimiento de cómo debe funcionar una colonia felina y, sobre todo, de lo que NO es una colonia felina es palpable, pero lo más grave es que lo sea para quienes tienen la responsabilidad de velar por su buen funcionamiento, como es el caso del concejal de participación ciudadana.

Si los gatos están encerrados, confinados, como en El Guano y en Casetas, NO puede ser una colonia felina, que exige libertad de movimientos. Si es un centro donde los animales están confinados, entonces debe ser considerado un núcleo zoológico, para garantizar la protección que exige la legislación: atención veterinaria, suministro de agua, comida y luz, registro de entradas y salidas, etc. ¿Qué es lo que no entienden algunos?

Creedme si os digo que a mí me parece mucho más agradable releer a Tolstói que ir dando la paliza una y otra vez con la desprotección animal en mi ciudad.

Gracias, Luisa Broto.

Dos poemas, dos antologías. ¡Vivan los libros!

EL mes de marzo dos poemas míos fueron publicados en dos extraordinarios libros. Es un honor para mí.

Gracias, por incluir mi poema «Privatizar» en este libro presentado en Sevilla hace unas semanas. Poesía en defensa de la Sanidad Pública.

Un honor que mi poema “El bosque que nos habita” forme parte de “Naturaleza poética”, una antología de ecopoemas, la más amplia en castellano. Un homenaje a los 40 años de la publicación de los ‘Ecopoemas’ de Nicanor Parra.

el último derviche

blocdejavier


De su ropa salió un aullido de menta.
A lo lejos un rumor de huesos rotos
cruzó apresurado el bosque.
No hubo indulto.
La sentencia se cumplió al amanecer.
Ya nadie cubrirá
con nieve la ceniza,
nadie le pondrá zapatos de cristal
a los cuervos,
ni rescatará del vertedero
la voz púrpura de los ancianos.
La nada es el todo,
la nada existe en la
no existencia.
Tú y yo no somos ya,
no existimos ni en el reflejo insomne
de una estrella.

En el último momento,
buscó mis ojos
y disparó una palabra.
Por un instante,
fui la soga que desgarraba su cuello
y reconocí entre sus heridas
la oscuridad que habito.

Mírame,
tengo las manos llenas
de leche degollada,
he ocupado mi estómago
con trozos de animales muertos,
me he comido sus miedos,
absorbiendo a través de sus venas
el perfume violento de los mataderos,
su agonía ha…

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La caja de la República

Para Rosa Navarro

Gregoria vivía en el centro de Zaragoza, apenas pudo ir a la escuela, pero recitaba de memoria la poesía  de Federico García Lorca. La República era el poema que quería celebrar ese abril lleno de futuro.

Felisa vivía en el sur de Francia, en una hermosa casa con un gran huerto del que abastecía a toda la familia, pero lo dejó todo para dar a luz a su hija Rosa en la España republicana. El sueño de mis abuelas duró poco. Felisa acabó en la cárcel y Gregoria escondió bajo llave su alegría y sus poemas.

Ambas guardaron en una caja los buenos recuerdos de aquellos años. La caja de los milagros la llamaban.

La caja de la República. Decían que, para no olvidar a quienes amas y ya no están contigo, hay que recordarles con palabras, canciones y vino dulce, hay que hablarles como si estuvieran a nuestro lado.

Porque si recuerdas  aquello que has amado, el olvido nunca ganará batalla alguna. Y el olvido fue algo que las mujeres republicanas, víctimas del franquismo, sufrieron doblemente.

Para evitar el olvido cada 14 de abril las abuelas abrían la caja de los milagros. El milagro de los sueños.    Extendían los recuerdos sobre la mesa de la cocina y entre vasos de vino dulce y canciones invocaban a la República. Y durante unas horas volvían a ocupar sus vidas y las de los amigos que fueron asesinados.

Los nombraban de uno en uno, les contaban cómo estaban sus padres, sus maridos, sus mujeres, sus hijas. Así le daban la vuelta a la Historia, ganaban la batalla de la nostalgia a golpe de palabras. Porque las palabras tienen el poder de dar vida, de reconstruir, de tender puentes, de cerrarle el paso a la tristeza,

Ahora que ellas ya no están, cada 14 de abril yo sigo su ritual, abro la caja de los milagros y preparo tres copas de vino y canciones. Ellas vienen del pasado, yo las espero sentada en el presente pero mirando al futuro. Y es aquí donde se produce una vez más la magia de volvernos a encontrar, de abrazarnos.

Estiro el brazo y sé que al otro lado están ahí alzando su copa, burlándose de la cárcel, del  silencio, del exilio, de la tristeza en estado puro, de la muerte.  Allí están ellas, sonriendo, celebrando su día y enseñándome a recordar que aquello que se ama hay que celebrarlo para no olvidarlo jamás.

Revivir es volver a vivir. Igual que hoy hacemos aquí. Pasado, presente y futuro.

“A por la III República”,

las oigo cantar.

¡Que así sea!

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Texto de Marta Navarro