El gato concejal Rodrigo

Hoy he soñado que el concejal Javier Rodrigo se convertía en gato. Y que unos pulcros voluntarios lo llevaban a El Guano, lo hacían un día de mucho calor, con la sombra mínima, el agua turbia y caliente, sin más testigos que los “oficiales” y los “últimos mejores amigos del concejal”, convertido misteriosamente en gato. Yo me había acercado hasta ese lugar tan triste para hacer fotos, pero un maullido desesperado llamó mi atención: era él, Rodrigo convertido en gato que le gritaba a su rescatador uniformado de salvapatrias que le buscara sombra, llaves y un coche para escapar. Pero el salvapatrias sonreía: “Aquí estarás bien, es el lugar elegido por el concejal de la ciudad, estarás bien”. Y el pobre gato Rodrigo seguía maullando y recordando sus días como humano cuando decidía sobre la vida de los seres vivos como si fueran clínex. Al fondo, en una hoja de periódico que el aire tórrido estampaba contra la valla del recinto, podía leerse: “Un informe de El Justicia corrige al concejal y le sugiere que El Guano sea considerado núcleo zoológico”.

“El establecimiento de este concepto implicaría una ostensible mejora de las condiciones de vida para los 43 gatos que allí se encuentran, tal y como vienen reclamando desde parte del voluntariado. La institución aragonesa emplaza al Consistorio a que en un plazo no superior a un mes le comunique si acepta o no la Sugerencia formulada. Plazo que concluye este próximo 22 de agosto”.

En mi sueño me acerco hasta el gato Rodrigo y le recrimino: “El plazo ya terminó y ni tú como concejal ni tus mejores buenos amigos rescatistas patriotas habéis hecho nada”. El gato Rodrigo maúlla desesperado desde el otro lado de la valla. La valla de El Guano.

Otro gato se acerca, quiere saber si las concejales de la oposición han hecho sus deberes, si lo van a hacer. Le respondo que confío en ellas, pero que esto es Zaragoza, donde nada y todo es posible. Un informe, prohibición de entrada a algunas voluntarias, mentiras, paisajes desoladores, gatos y una ciudad en la que para avanzar mínimamente debes dejarte la piel sobre el asfalto. Otros prefieren mundos Disney, mentiras piadosas y enfados facebookeros, pero la realidad es que en esta ciudad se practica el maltrato animal con los gatos y demasiada buena gente mira hacia otro lado por miedo, por presión, por pereza o por otras razones.

No sé si estoy soñando o estoy despierto, no sé si debo liberar al gato Rodrigo o dejarle un rato más sintiéndose como un gato de El Guano, un gato abandonado por quienes deberían protegerle. Lo decidiré en un rato. En la segunda parte del cuento…


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