El encuentro

Salió de su escondite a primera hora de la mañana. Llevaba nueces en los bolsillos, agua, pan seco, mapas y una máscara antigás en la mochila. Estaba convencida de que no quedaba nadie vivo sobre la tierra. La explosión había arrasado el mundo, eso dijeron en la radio cuatro minutos antes de interrumpirse la conexión. Después de atravesar ciudades desérticas, se adentró en un bosque, el único en cientos de kilómetros. Y entonces, surcando un cielo de agua estancada surgió ella, una ballena voladora, otra superviviente.