La caja de la República

Para Rosa Navarro

Gregoria vivía a las afueras de Zaragoza, apenas pudo ir a la escuela, pero recitaba de memoria libros enteros de poesía.  Aquel abril celebró junto a sus vecinas el futuro. La República era el libro que andaba esperando desde hacía tiempo.

Felisa vivía en el sur de Francia, en una hermosa casa con un gran huerto del que abastecía a toda la familia, pero lo dejó todo para dar a luz a su hija Rosa en la España republicana. El sueño de mis abuelas duró poco. Felisa acabó en la cárcel y Gregoria lloró en silencio todos los libros que no pudo terminar de leer.

Ambas guardaron en una caja los mejores recuerdos de aquellos años. La caja de los milagros la llamaban. La caja de la República. Decían que, para no olvidar a quienes amas y ya no están contigo, hay que recordarles con palabras, canciones y vino dulce, hay que hablarles como si estuvieran a nuestro lado. Porque si recuerdas  aquello que has amado, el olvido nunca ganará la batalla, algo que las mujeres republicanas sufrieron doblemente.

Para evitar ese olvido cada 14 de abril mis abuelas abrían la caja de los milagros. El milagro de los sueños. Extendían los recuerdos sobre la mesa de la cocina y entre vasos de vino dulce y canciones invocaban a la República. Y durante unas horas volvían a ocupar sus vidas. Ganaban la batalla de la nostalgia a golpe de palabras. Porque las palabras tienen el poder de dar vida, de reconstruir, de cerrarle el paso a la tristeza, de golpear el exilio de la vida, de salvar distancias.

Ahora que ellas ya no están, cada 14 de abril yo sigo su ritual, abro la caja de los milagros y preparo tres copas de vino y canciones. Ellas vienen del pasado, yo las espero sentada en el presente pero mirando al futuro. Y es aquí donde se produce una vez más la magia de volvernos a encontrar, de abrazarnos.

Extiendo el brazo y sé que al otro lado están ahí alzando su copa, burlándose de  la cárcel, del  silencio, del exilio, de la tristeza en estado puro, también de la muerte. Allí están ellas, sonriendo, celebrando su día y enseñándome a recordar que aquello que se ama se debe celebrar para no olvidarlo jamás.

Revivir es volver a vivir.

Igual que hoy hacemos aquí.

Pasado, presente y futuro.

“A por la III República”

Les oigo cantar.

¡Que así sea!

 

.

Texto de Marta Navarro

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