Mi Halloween en Illinois

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El frío y el viento se colaban por las ventanas del apartamento. Un quinto piso, bien iluminado y rodeado de árboles centenarios. La velada prometía mantas y whisky en esa primera noche de Halloween en Illinois.  La bibliotecaria más rara del mundo me había invitado a última hora a su fiesta, pero ya era tarde. Tenía puesto el pijama y, cuando yo me pongo el pijama, se cierra la vida social y empieza mi otra vida. Además, debía atravesar la ciudad hasta la otra punta de Champaign y luego negociar la vuelta en coche con alguien a quien podría conocer o no. Mal rollo. Mejor quedarse en casa.
La noche era oscura y punzante. Mi calle hacía esquina con la temible Elm Street, que es algo así como la Calle Mayor en nuestras ciudades, siempre hay una. El viento, lejos de darnos una tregua, atizaba con furia el apartamento. Yan Hui y Li Ping se habían ido a una de las muchas fiestas de disfraces típicas de Halloween. El tontarras también. Después de ver en la tele una película de psicópatas y de tomarme un generoso whisky, me acordé de que tenía ropa sin lavar. Pensé que no habría nadie en el sótano, lugar donde se instalan normalmente las lavanderías, así que bajé con mis cestas, detergentes y monedas.
Allí tocaba esperar al lavado y posterior secado. Yo, como todo el mundo, aprovechaba para leer durante esa media hora larga y aburrida. Toda la gente del Campus y del bloque de apartamentos estaba de fiesta. Halloween es una celebración muy importante en EEUU. Todo el día con la calabazas encendidas, las golosinas, los trajes de disfraces… En fin, una mezcla de mal gusto y cursilería infinita.
Estaba a punto de sacar la ropa de la lavadora cuando oí unos pasos que bajaban por el estrecho pasillo del sótano. Me pareció raro que alguien bajara pasadas las once de la noche a hacer la colada. Bueno, alguien sin planes para esta noche como yo, pensé. Pero no, lo que bajó fue un oso-lobo gigantesco, un monstruo enorme de unos dos metros, que se movía de un lado para otro dándose cabezazos contra las estrechas paredes. Aterrorizada, busqué una salida, pero la única puerta estaba cerrada. Para salir debía derribar al tipo que vestía de oso y que no paraba de gritarme algo así como «dtmhu ‘u harfgs coimpfbns… coins». Se acercaba hasta mí y me enseñaba la mano. Yo, cada vez más asustada, empecé a chillar. Fue entonces cuando el tipo se quitó la cabeza de oso y  apareció ante mí un hombre rubio sudoroso, colorado y casi sin respiración, que me suplicaba en un inglés cargado de cerveza y asfixiado por el calor: «¡NO TE ASUSTES,  VENGO A COGER LA ROPA!,  ¿TIENES MONEDAS?».
Aquello me tranquilizó muy poco. Sólo cuando salí de allí y me encerré en casa, comencé a respirar. El resto de la noche fueron sucesivos lingotazos de whisky con helado de chocolate y alguna lágrima de rabia y de vergüenza por la situación vivida. El tipo me había parecido un potencial psicópata, pero sólo era un vecino disfrazado de hombre-lobo, eso sí un monstruo de dos metros que hablaba y hablaba con los brazos abiertos.
Cuando Yan Hui, Li Ping y el tontarras volvieron a casa, ya de madrugada, me preguntaron: “¿Qué, aburrida?» “Sí, muchísimo», les dije.
Al día siguiente la anécdota fue la comidilla en el vecindario, pero yo tardé varios días en contar en casa lo ocurrido. Ha pasado mucho tiempo y hoy lo he vuelto a recordar. Lo comparto con vosotros. Tened cuidado, no hagáis la colada una noche como ésta. Mucho cuidado.

Y ahora para tener información seria sobre los orígenes de esta celebración, os sugerimos que visitéis Innisfree

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Samhain

Le he preguntado a Innisfree sobre el origen de  Halloween y él me ha hablado de Samhain, es decir, el año nuevo celta.    

Para los celtas, que sólo distinguían entre dos estaciones (verano e invierno), Samhain (que significa ‘el final del verano’) representaba el comienzo del invierno. Se acababa el tiempo de las cosechas y a partir de entonces los días iban a ser más cortos y las noches más largas. Por eso, los celtas celebraban importantes festivales para dar la bienvenida al Año Nuevo. Al anochecer de cada 31 de octubre (ya 1 de noviembre para los celtas, pues el nuevo día arrancaba con la puesta del sol), la costumbre era dejar comida y dulces fuera de sus casas y encender velas para ayudar a las almas de los muertos a encontrar el camino hacia la luz y el descanso junto al dios Sol, en las Tierras del Verano. En la noche de Samhain los vivos y los muertos podían comunicarse. Las barreras que los separaban desaparecían en aquel momento mágico. Lo bueno era que los espíritus de los antepasados podían aconsejar a los vivos sobre el futuro, pero lo malo era que también se convocaban a los espíritus maléficos. Por eso, los druidas ordenaban encender hogueras para ahuyentar a estos últimos.


En el Halloween moderno
se ha mantenido la vieja tradición de dejar comida para los muertos, hoy representada en los niños que, disfrazados, van de casa en casa, pidiendo dulces, con la frase ‘trick or treat’ (trato o truco). Parece ser que los druidas celtas recogían alimentos por las casas para realizar ofrendas a la divinidad (se habla también de posibles sacrificios humanos) y que llevaban consigo un gran nabo hueco con carbones encendidos dentro, representando al espíritu que les daba poder. A finales del siglo XIX, los irlandeses introdujeron esta fiesta en América y bautizaron a la calabaza como “Jack el que vive en la lámpara” o, como se conoce actualmente, “Jack O’Lantern”.

Hoy Halloween es una fiesta internacional, que carece de todo sentido religioso y cuyo origen es ignorado por la mayoría. Nada tiene que ver ya con los rituales de los druidas ni con los pueblos celtas que dominaron la mayor parte del oeste y centro de Europa durante el primer milenio a.C. Se trata sólo de una excusa más para el negocio, el consumo o la industria del cine.

Sin embargo, en Irlanda se conserva la referencia de Samhain: no sólo es el nombre en gaélico irlandés del mes de noviembre, sino que todavía hoy durante la noche de Samhain se prenden grandes hogueras en las que el vecindario arroja los trastos viejos que acumula en sus casas. Esa es la forma actual en la que los irlandeses reciben el año nuevo celta.

¡Próspero Samhain!

30 Rincones espectaculares para disfrutar del otoño en Aragón

Aragonízate

Inmersos en  el tiempo de la humedad en la piel, las ganas de abrigarse y el frío en la punta de la nariz, el otoño también es época de setas, nubes cargadas de lluvia y de contrastes. Y por supuesto, de paseos lentos y sosegados para disfrutar del colorido que el otoño deja impregnado en cada rincón de nuestra Comunidad.

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