Un brindis por la República

Mis abuelos y mi padre vivían felizmente en Francia. Tenían una hermosa casa con jardín,  árboles frutales y un  huerto que abastecía a la familia y a los amigos, casi todos aragoneses. El abuelo y los tíos trabajaban en una fábrica y mi padre acudía a una escuela amplia y luminosa, así la recordaba él. Todo era perfecto, casi perfecto, porque vivir fuera de su país siempre les produjo tristeza, Por eso cuando se instauró la II República decidieron abandonarlo todo, la seguridad del trabajo, una casa amplia y hermosa, la escuela… Mi abuela Felisa, que era una republicana empedernida, estaba embarazada y decidió dejarlo todo para dar a luz a su hija Rosa en una España republicana. He de decir que ella decidía casi todo, tenía un carácter fuerte y emprendedor. Volvieron a su país y empezaron de cero, pero el sueño duró poco tiempo. Durante la guerra, uno de mis tíos estuvo desaparecido. Al poco de terminar la guerra, la abuela fue encarcelada. A pesar de la  grave enfermedad que padecía, sufrió un trato denigrante y cruel. El cáncer avanzaba rápido, pero los meses eran lentos, demasiado lentos. Al poco de salir murió. Mucho tiempo después, fueron mi padre y mi madre los que acabaron en la cárcel de Carabanchel.  Yo no conocí nada de esto, pero siempre que íbamos a Francia mi padre, que era poco amigo de recordar batallas, no podía evitar hablar de ello. Creo que mi familia se salvó de tanta mediocridad y tristeza gracias al sentido del humor, el humor como arma de batalla frente a la opaca realidad, bisoña, cruel y cutre. Cada 14 de abril, mi otra abuela, Gregoria, abría una botella de vino dulce y cantaba durante horas y horas.  Recuerdo el aroma de las galletas que clandestinamente yo mojaba en el licor y la bronca posterior de mi abuela cuando comprobaba la moña que había cogido. Aunque siempre he sospechado que sabía lo que hacía y me dejaba hacer… Hoy abriré una botella de vino siciliano y me tomaré unas galletas y posiblemente las mojaré a escondidas en el vino dulce de Catania. Y brindaré por toda una generación que creyó en la República y por los que creen en ella, no desde el recuerdo ni la nostalgia, más bien desde el futuro.

Viñeta de Juan Kalvellido