Charla Inaugural del encuentro Voces del Extremo 2013, por Daniel Macías

poe sía
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No podemos saber si el primer poeta inventó el espíritu o multitud de espíritus anidaron en la canción del primer mono con laringe. Mircea Eliade estaba convencido de que la poesía nació de las cancioncillas que los primeros chamanes murmuraban para ahuyentar su temor y no perderse al entrar o salir de los profundísimos trances del espíritu en el espíritu. Si repasamos la naturaleza de la espiritualidad y la religiosidad primitivas, -y les pido que olviden por un momento el concepto de espiritualidad creado por las recientes religiones organizadas y sacerdotales, cuyo triste monopolio de la espiritualidad y sus vías tanto alejó al hombre del conocimiento de su naturaleza profunda y tan fuertemente contamina aún hoy nuestra cultura- encontraremos que cuando el poeta hace poesía, sabiéndolo o no, utiliza el lenguaje de la espiritualidad primitiva, sus herramientas y sus técnicas, el lenguaje de los sueños y el inconsciente, un sentir y un pensar simbólicos y superiores, el pensamiento mítico, sus cantos, invocaciones, conjuros y encantamientos en mágicas repeticiones y clavileños de aladas metáforas, y además, cuando un poeta hace poesía, sabiéndolo o no, descubre la confusión entre el objeto y el subjeto, la muerte, disgregación y recomposición de la vieja identidad personal, la rotura de límites de la percepción ordinaria, la atención purificada, la visión de la realidad aumentada y acrecentada, la creación de islas del tiempo mítico del ensueño, descubre en suma la canción del pensamiento mágico primitivo, aka poiesis, creación sagrada ab nihilo de las formas, poesía.
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Aunque debemos mucho al pensamiento científico y tecnológico, seguridad, longevidad, y un nivel de confort equiparable al de una sociedad esclavista ahora sustentada por el geocida consumo del caldo de selvas fósiles, cuando el poeta hace poesía, sabiéndolo o no, resucita vías y técnicas del pensamiento pre-científico, la visión intuitiva y directa, la ingenuidad, la inocente inteligencia, la desprogramación, la introspección y la absorción, la mitificación, reabriendo nuestra antigua conexión sagrada con la realidad y todos sus animados seres, porque cuando el poeta hace poesía, sabiéndolo o no, es voz libre y alterada que no admite poder superior alguno ni sumisión, ya sea el origen de esa alteridad musa, espíritu, inconsciente, inspiración, poesía o profecía, da igual, cuando el poeta hace poesía, sabiéndolo o no, se convierte en poseído profeta, en benigno traductor del caos y el abismo de la realidad con la generosa intención de aligerar las cargas y penas de la comunidad a modo de tejedor de guirnaldas de sueños y mitos habitables, entonces, cuando un poeta hace poesía, sabiéndolo o no, es un niño desnudo que se levanta y contempla el mundo con un cristal tierno de penetrante inocencia, si eso ocurriera hoy, ese niño apreciaría enseguida que lo cubre un pijama de rayas, de muchas rayas carceleras, una administración cuádruple, pactos militares, un desquiciado monopolio de la fuerza, a la vez que siente como se deshace porque ninguna consciencia autoconsciente admite o acepta prisión alguna, y cuando el poeta hace poesía, sabiéndolo o no, descubre no solo su independencia, sino también la hechicera y laberíntica interdependencia de todos los seres y todas las cosas, que hasta en la materia inerte está inscrito el programa de la vida, como descubrió Miller con su sopa química de atmósfera primitiva sometida a abundantes rayos o Leary con su ponche eléctrico, los lazos invisibles se vuelven visibles cuando el poeta penetra la relación, cuando es, como dijo el poeta Novalis, el ojo que Natura se dio para verse a sí misma, la relación del hombre con el hombre, con su comunidad, la relación del hombre con los espíritus de la Tierra nutricia, algo más poderoso que la comprensión libresca de que nuestra vida no es sostenible para la conservación de nuestro verdadero hogar, cuando el poeta hace poesía, sabiéndolo o no, florece en el interior del delicado secreto de la interdependencia, la urdimbre luminosa y discreta, revolución en camino igual a su destino, atención despierta y mimo, conocimiento, brujería, delicadeza, medicina, agricultura, y jardinería del paraíso terrenal, y si todo esto se aplicara como programa político o moda de masas despertaríamos a un mundo de tal generosa humanidad y belleza ética que nuestras ciudades no parecerían distintas de esas estampas de la tierra prometida que tan profusamente imprimen a todo color los testigos del dios que hablaba a través del crepitar de una zarza ardiendo, todo esto hace el poeta cuando hace poesía, lo sepa o no…
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Texto del poeta Daniel Macías Díaz. Pinchad aquí para entrar en su  blog.
Y aquí para ver las fotografías sobre el encuentro del poeta Felipe Zapico

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