Ralladuras

Huyamos antes de que yo crezca y tú te encuentres a un Borbón en cualquier esquina.

Niña elefante que baja

Se han encontrado trazas de un buen escritor en un bestseller.

Evitaré ir a la radio en los siglos venideros. No estoy para muchas tonterías. Así ha terminado la entrevista sobre poesía.No quiero comprar ropa vegana fabricada en India por niños esclavos. No comparto el veganismo que vive de espaldas a los seres humanos, me resulta contradictorio. Tampoco me interesa el
anticapitalismo que no se ocupa de los animales no humanos. El especismo me asquea y repugna cada día más. Detesto el capitalismo, entre otras cosas porque soy vegana, y soy vegana porque entiendo que el capitalismo es una máquina de destrucción masiva para todos los seres sintientes. El especismo produce una anestesia moral y ética tanto en la derecha como en la izquierda. Y dicho esto, me voy a zampar unas cartas preciosas entre Pier Paolo Pasolini y Maria Callas. Palabra de Corsario. A tener una tarde o una buena noche.

A mi abuela Gregoria le gustaba mucho el actor Gregory Peck. A veces, para hacerle rabiar, le decíamos: “Yaya, hoy echan una película de Gregorio Pérez”. Le disgustaba que le tradujéramos el
nombre. “No le llaméis así”, nos decía con gesto vietnamita.
La abuela, que era taurina y organizaba tertulias para comentar las faenas de los asesinos de toros, lo dejaba todo para ver a Peck interpretar a Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”, o en cualquier papel de abogado defensor de inocentes. Entonces, suspirando decía, “tiene que ser bueno, por fuerza, incapaz de matar una mosca”. Momento que aprovechábamos los nietos para recordarle que su Gregory Peck no podía ser torero, imposible, abuela. Y entonces se liaba una buena en casa.
A la abuela también le gustaba mucho Marlon Brando, al que yo llamaba Melón Blando. Esta fotografía de Peck me parece preciosa. Tanto rollo para subir una foto, lo sé, lo sé.

Foto: A mi abuela Gregoria le gustaba mucho el actor Gregory Peck.  A veces, para hacerle rabiar, le decíamos: “Yaya, hoy echan una película de Gregorio Pérez”. Le disgustaba que le tradujéramos el<br /><br /><br /><br /><br />nombre. “No le llaméis así”, nos decía con gesto vietnamita.<br /><br /><br /><br /><br />La abuela, que era taurina y organizaba tertulias para comentar las faenas de los asesinos de toros, lo dejaba todo para ver a Peck  interpretar a Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”, o en cualquier papel de abogado defensor de inocentes. Entonces, suspirando decía, “tiene que ser bueno, por fuerza, incapaz de matar una mosca”.  Momento que aprovechábamos los nietos para recordarle que su Gregory Peck no podía ser torero, imposible, abuela. Y entonces se liaba una buena en casa.<br /><br /><br /><br /><br />A la abuela también le gustaba mucho Marlon Brando, al que  yo llamaba Melón Blando.  Esta fotografía de Peck me parece preciosa. Tanto rollo para subir una foto, lo sé, lo sé.

Ralladuras propias

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s