Hotel de invierno

Prometí subir este poema el día de la Visibilidad lésbica, pero un montón de cosas me lo impidieron.  Para mis amigas Julia y Luna, capaces de iluminar el día más gris y tormentoso.  Lo prometido es deuda.

Lesbica bella

Tarde de invierno

 

La cama revuelta,

dos copas vacías

y un rastro de champán

sobre el sofá. Debió de ser allí

donde el sujetador

se independizó de mi cuerpo

sin referéndum alguno.

La  rapidez de tus manos

rompió el vértigo

de nuestra primera cita

y de los corchetes del wonderbra.

 

En el hotel impartían una conferencia

sobre “las cien formas más rápidas

de conseguir la felicidad”.

Aquella tarde

tu boca se perdió entre mis piernas.

Tengo que averiguar si alguna

de las sugerencias del conferenciante

recomienda tu lengua…

El resto fue una suite de Bach rompiendo

la guitarra de Jimi Hendrix,

hasta que tu marido primero

y después el mío

llamarón al móvil

pidiendo instrucciones y respuestas.

Que si el pequeño no quería cenar verdura

que si a la mayor se le había infectado el labio

con el nuevo piercing.

¿Dónde está la salsa de tomate?,

¿y la mercromina?,

¿a qué hora vuelves de la reunión?

 

Al escucharle,

se te cayó el mundo a los pies,

y a mí me dio  risa verte así,

tan frágil y tan fuerte

al mismo tiempo.

Tan cerca de mí,

pero tan lejos.

 

Un café, deprisa,

que nos suban un café, me dijiste.

Y nos subieron por error

otra botella de  Moët Chandon que nos bebimos

entre sales de baño y confesiones.

Cuando desperté,

tu perfume seguía danzando

por la habitación.

Sobre la mesa un café frío

 y una nota cálida.

«No he querido despertarte.

¿Nos vemos el jueves?

Conduce con cuidado.

No sé si te amo,

pero sé que te necesito.»

.

.

En respuesta a Julián Buey, secretario general de CCOO en Aragón

Stop

En respuesta a Julián Buey

Sostiene Julián Buey, secretario general de CCOO en Aragón, que los escraches denotan en el fondo debilidad, sostiene que lo importante es ir al fondo del problema: la perversión del sistema.  Sostiene Buey que los escraches afectan al entorno familiar y personal de los responsables políticos y que eso no es agradable. Buey puede decir y opinar esto y más, incluso podría pensarlo en suajili o en finlandés, libre es de opinar, pero resulta que Buey es secretario general de un sindicato mayoritario de clase y con mucha historia.  Un sindicato con miles de afiliados, seguro que entre los desahuciados hay gente de CCOO, gente que sufre el “desaguisado” -así lo denomina él- de las políticas europeas. ¿Será para Buey el suicidio un desaguisado? Buey se cura en salud en los primeros párrafos de su artículo, que si niños desnutridos, que si familias empobrecidas, parece que lo comprende todo, que asume el dolor del mundo. En esta parte de su artículo parece uno de esos actores que hablan de lo mal que está el mundo para después pedirte que le des a un botón para sumar votos contra del hambre, todo menos molestar al sistema, todo menos enfadarse con él haciéndole un escrache al responsable del desastre. Enfadarse sí, pero bajito, sin que se oiga mucho.

A veces conviene recordar cómo la fuerza y presión de los piquetes de los sindicatos durante las huelgas ha hecho que algunas empresas cerrasen contra su voluntad para poder llevar a cabo la jornada de protesta necesaria. ¿Qué opina de eso, Buey?, ¿hay que ir a las huelgas bajando el tono, para no molestar o disturbar? Yo creo que no, sobre todo cuando el futuro depende de medidas drásticas como el escrache o el piquete informativo o de presión.

Echo de menos más respuestas desde dentro del sindicato al artículo de Buey. Seguro que hay miembros destacados de CCOO que están a favor del escrache. Gente de la izquierda que  suelen manifestarse vestidos con mil banderas rojas demostrando su pureza rojera, pero que se callan como marmotas de invierno ante las declaraciones de quien les representa. ¿Dónde están esas voces diferentes de CCOO?

No sé qué políticos acompañarán a Buey en la próxima manifestación del 1 de Mayo, pero desde luego tengo claro que aquellos  dirigentes de CCOO que pasaron años en la cárcel, que dieron su esfuerzo, su trabajo y su vida por levantar un sindicato estarán en su tumbas revolviéndose y practicando el más absoluto escrache a tanto sindicalista de metacrilato.

Que los dioses te acompañen, Buey, porque yo desde luego no iré en la misma manifestación que tú, te lo aseguro.

Dejo enlace al artículo de Julián Buey, pinchad aquí.

Marta Navarro García

Una sombra en la ribera

Relato  de S.A. G. publicado en Heraldo de Aragón que me ha gustado especialmente. Tanto por lo que deja entrever como por lo que muestra.

Acuatica

Una sombra en la ribera

El anciano estaba de pie con el agua al pecho. Era una tarde de primavera y empezaba a oscurecer. Las balsas bajando suavemente por el Ebro, habían dejado atrás el Puente de Hierro. Iban llenas de gente pero nadie reparó en él. Los monitores concentrados en su trabajo, los demás imposibilitados para verlo. A punto de rebasarlo, un niño que acompañaba al grupo comento:

-Hay un señor metido en el río-

Acercándosele lo más rápido posible, el monitor le gritó: -¿Está usted bien?-. El hombre mayor, aferrado a su muleta clavada en el barro, tiritaba sin responder.

Después móviles, policía, ambulancia, calor, reanimación. Ellos asumieron el control y las lanchas continuaron su recorrido.

No supieron más. Ni de los actos, ni los motivos del pobre señor. La excursión fluvial de la ONCE interfirió en su destino sin su permiso, tal vez sin su aplauso.

Autora: S.A.G.

¿Cuánto vale el trabajo? Poema de Antonio Orihuela

Then Hocks, sin

¿CUÁNTO VALE EL TRABAJO?

Los cuidados recibidos durante el embarazo,
el amor de los padres,
la alimentación, el calzado, los vestidos,
la educación y especialización del trabajador.

Todas estas cosas, cuando entra uno en un trabajo,
¿cómo se miden?
¿van incluidas en el sueldo?

¿Entrarán en la próxima Reforma Laboral?

Título del libro: «Todo el mundo está en otro lugar», de Antonio Orihuela. Edicciones Baile del Sol

Ralladuras

Huyamos antes de que yo crezca y tú te encuentres a un Borbón en cualquier esquina.

Niña elefante que baja

Se han encontrado trazas de un buen escritor en un bestseller.

Evitaré ir a la radio en los siglos venideros. No estoy para muchas tonterías. Así ha terminado la entrevista sobre poesía.No quiero comprar ropa vegana fabricada en India por niños esclavos. No comparto el veganismo que vive de espaldas a los seres humanos, me resulta contradictorio. Tampoco me interesa el
anticapitalismo que no se ocupa de los animales no humanos. El especismo me asquea y repugna cada día más. Detesto el capitalismo, entre otras cosas porque soy vegana, y soy vegana porque entiendo que el capitalismo es una máquina de destrucción masiva para todos los seres sintientes. El especismo produce una anestesia moral y ética tanto en la derecha como en la izquierda. Y dicho esto, me voy a zampar unas cartas preciosas entre Pier Paolo Pasolini y Maria Callas. Palabra de Corsario. A tener una tarde o una buena noche.

A mi abuela Gregoria le gustaba mucho el actor Gregory Peck. A veces, para hacerle rabiar, le decíamos: “Yaya, hoy echan una película de Gregorio Pérez”. Le disgustaba que le tradujéramos el
nombre. “No le llaméis así”, nos decía con gesto vietnamita.
La abuela, que era taurina y organizaba tertulias para comentar las faenas de los asesinos de toros, lo dejaba todo para ver a Peck interpretar a Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”, o en cualquier papel de abogado defensor de inocentes. Entonces, suspirando decía, “tiene que ser bueno, por fuerza, incapaz de matar una mosca”. Momento que aprovechábamos los nietos para recordarle que su Gregory Peck no podía ser torero, imposible, abuela. Y entonces se liaba una buena en casa.
A la abuela también le gustaba mucho Marlon Brando, al que yo llamaba Melón Blando. Esta fotografía de Peck me parece preciosa. Tanto rollo para subir una foto, lo sé, lo sé.

Foto: A mi abuela Gregoria le gustaba mucho el actor Gregory Peck.  A veces, para hacerle rabiar, le decíamos: “Yaya, hoy echan una película de Gregorio Pérez”. Le disgustaba que le tradujéramos el<br /><br /><br /><br /><br />nombre. “No le llaméis así”, nos decía con gesto vietnamita.<br /><br /><br /><br /><br />La abuela, que era taurina y organizaba tertulias para comentar las faenas de los asesinos de toros, lo dejaba todo para ver a Peck  interpretar a Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”, o en cualquier papel de abogado defensor de inocentes. Entonces, suspirando decía, “tiene que ser bueno, por fuerza, incapaz de matar una mosca”.  Momento que aprovechábamos los nietos para recordarle que su Gregory Peck no podía ser torero, imposible, abuela. Y entonces se liaba una buena en casa.<br /><br /><br /><br /><br />A la abuela también le gustaba mucho Marlon Brando, al que  yo llamaba Melón Blando.  Esta fotografía de Peck me parece preciosa. Tanto rollo para subir una foto, lo sé, lo sé.

Ralladuras propias

Poetizando en Galicia

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Poetizando en Galicia

Biodraminas que se enamoran de albariños
con resultado de empanada kilométrica.
Al atardecer, el trío se abandona en un sueño cómplice
de más de ocho horas. Diagnosis pornográfica y mística.
Misterio: la librería Vetusta aparece
y desaparece bajo los soportales.
Los trenes ya no están rigurosamente controlados.
La indignación en galego suena mejor.
La terraza del café “Los Literarios”
tiene escaleras que conducen al cielo.
La Plaza del Obradoiro es incienso alado.
El precio de un café es fluctuante
y esquizofrénico, dice el camarero,
serio como un reproche.
Si no estoy será porque aún no he venido,
o peor, ni siquiera sé si volveré,
le contesto.
Los poemas acabaron en un aplauso operístico.
Por fuerza esto no es Aragón,
ni Wisconsin,
ni Júpiter. Es Galicia.
Las habitaciones del hotel
se abren introduciendo sonetos
en la cerradura.
La luna invade la cama,
eres más sensual que ayer,
pero menos que mañana, susurra.

Una jornada digna de ser televisada.
Duele la muerte seca
de los pulpos acariciando
las vitrinas de los restaurantes.
Duele el mar que los delató
a los mercaderes,
duele el aroma triste de sus tentáculos
manchados de pimentón y niebla.
Días con denominación de origen para noctámbulos
o extranjeros, Biodramina 1 – Albariños 4.

ENTREVISTA COLECTIVA PARA LA REVISTA TIEMPO SOBRE POESIA Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL

«Poesía para transformar el mundo»,semanario Tiempo, nº 1525.Madrid, 22 de marzo de 2013. Pinchad aquí para leer la entrevista

Daniel Jiménez (Tiempo): ¿Se puede hacer ficción poética de una realidad tan difícil como la actual?

La sociedad del espectáculo había borrado los límites de la ficción y la realidad. Los poetas de la conciencia crítica llevan desde finales de los años ochenta denunciando esto. Quienes buscan ahora comida en la basura o se tiran por una ventana de la vivienda que no pueden pagar lo acaban de descubrir. No ocurre lo mismo con la literatura española que sigue estando donde estaba, trabajando para el Capital.

  ¿Un poeta puede hacer política con su poesía?

 La pregunta sería si puede no hacerla. Toda poesía es política, pues ser político es la condición social del hombre y la de su producción material o simbólica.

Vivimos en una sociedad hiperpolítica pero inserta en un sistema económico, el capitalismo, que ha configurado un universo de objetos, discursos e imágenes destinados a negar la extrema politización en la que transcurre nuestro vivir. Ante esta situación, el poeta puede poner su palabra al servicio de los discursos dominantes para reproducir la ideología que los sostiene y embellecer las políticas culturales neoliberales o bien, y esto es más raro, puede combatirlos, pero en ambos casos está haciendo política. Este es el dilema, y el poeta tiene que decidir: Ya que es imposible sustraer la poesía de la política, qué política, qué idea de mundo, estoy dispuesto a que hable a través de mi poesía.

¿Debe un poeta participar en la vida pública?

Los poetas intervienen en la realidad, con sus libros y con sus cuerpos, con sus textos y sus prácticas. Ahí está para demostrarlo la llamada Nueva Sentimentalidad, aunque la propia deriva pequeñoburguesa de sus poetas los fuera alejando paulatinamente de sus presupuestos iniciales para terminar dando forma a una versión blanda y prêt-a-pôrter del neoliberalismo en su facción socialdemócrata hoy conocida y celebrada por el mismísimo expresidente Aznar como poesía de la experiencia. La poesía última postmoderna se escorará desde ella hacia posiciones ultraconservadoras, y toda la producción literaria hecha desde uno u otro bando estará destinada a sancionar el imaginario neoliberal. Desde ninguno de los dos bandos se nos presenta proyecto colectivo alguno de democracia radical, de restitución de lo público y lo común, de gestión de nuestra propia vida, de transformación de las actuales condiciones de producción, de autocontención, etc.

A pesar de esto, en los años noventa surgieron grupos y sujetos más o menos conectados que trataron de combatir el discurso neoliberal en todas sus facciones. Grupos, personas, revistas, fanzines y pequeñas editoriales autogestionadas que abundan en la estela de la cultura alternativa de los setenta y que, en buena lógica, siguen siendo sistemáticamente combatidas por las distintas facciones neoliberales en liza por la hegemonía cultural. Son ellos los que siguen dando sentido a lo que se ha llamado Poesía de la Conciencia.

¿De qué manera se participa en la vida pública?

Normalmente el poeta ha participado en la vida pública expresando, reiterando y siendo cómplices de unos valores y unas prácticas ajustadas a la ideología del capitalismo tardío, sólo que entonces la poesía que se ha producido desde estos parámetros no ha sido más que un desecho intelectual, un artefacto al servicio del poder que ha servido a los poetas para medrar, para formar parte del atrezo cultural de los partidos hegemónicoso ratificar expresiones blandas de la crítica política.

Desde otras posiciones ideológicas, lejos del espectáculo político/mediático, también se ha trabajado, y se sigue trabajando, por extender unas prácticas disfuncionales y críticas con la ideología del capitalismo tardío, construir y extender una poesía que quiera ir más allá de lo artístico para formar parte de una praxis de agitación que apunte explícitamente a la destrucción de la mercancía y de la cultura como esferas separadas. Éste es el espacio que hoy reclamamos muchos para una poesía radical, una poesía que aspira a ser reflejo de unas prácticas sociales transformadoras. Muchos hablan de esta poesía como un movimiento surgido en los años noventa, la poesía de la conciencia crítica, en su expresión más conocida; pero lejos de escuelas, su apuesta ha sido aglutinar compañeros de viaje: gente real, tangible, movilizable, solidaria, trabajadores también del campo simbólico que siguen estando por generar un modo de mirar y decir que contradice la realidad tal y como se nos impone. Una poesía como práctica de indagación, de desvelamiento, de desobediencia civil. Una poesía que acompañe a nuestros colectivos y asociaciones, favoreciendo su articulación antagónica y alternativa a las instituciones del Capital. Una poesía que trabaje para la vida y que nos ayude a construirnos individual y colectivamente contra la dominación, la desigualdad y la explotación. Una poesía que trastorne la Realidad y libere la producción de realidad de todo sistema de poder.

¿Qué debe predominar en un poema con contenido social? ¿Es posible combinar ética y estética?

Como ningún aspecto de la realidad queda fuera de lo social, no hay poema fuera de lo social y toda poesía es por definición, poesía social. Nada hay ajeno al poema, que no pueda ser objeto de él.

Personalmente estoy por desarrollar un proyecto poético que aspire a ser crítico con los valores y las prácticas sociales dominantes, por lo tanto con un proyecto liberador y sedicioso, pero también vinculativo, histórico, contingente, precario y que culmina en un proyecto no personal, no literario, no lingüístico, sino político.

En la medida que sepamos liberarnos de lo que nos expropia y asumamos nuestro estar y actuar en el mundo desde la insumisión, la honestidad y el apoyo mutuo, tendremos una oportunidad para intervenir, realmente, en el mundo. A partir de ahí, las cosas ya sólo podrán cambiar, y no sólo en poesía.

¿Cómo reacciona un poeta frente a escándalos como el caso Bárcenas o el caso Urdangarín?

Los poetas, sobre todo los más mediáticos, deberían, antes de rasgarse las vestiduras por la situación actual y querer, a estas alturas del 2013, dar lecciones de ética o de compromiso cívico, darse una vuelta por el blog de los Addison de Witt http://criticadepoesia.blogspot.com.es/ Tal vez el verse allí retratados, pillados, descubiertos en sus oscuros manejos, escándalo tras escándalo, les haría recular hacia los lugares de los que vienen y continuar como hasta ahora, escribiendo de su existencia ensimismada y haciéndole el juego al imaginario neoliberal.

Y me explico, los Addison llevan años denunciando (igual que hizo a mediados de los años noventa el Colectivo Alicia Bajo Cero con su libro Poesía y poder), que también en poesía, como otra parcela más de nuestra podrida realidad, tenemos nuestros casos Campeón, Faisán, Bárcenas, Gürtel, Urdangarín, ERE’s, etc… Si no tienen el mismo reflejo en la prensa es porque por una extraña circunstancia, también la poesía, como La Corona, han sido materia reservada, realidades opacadas como mecanismo de conservación y de prestigio. Pero que no nos engañen, los poetas más premiados, promocionados, reseñados y viajados, (también en sus variantes como jurados y miembros de consejos editoriales e instituciones públicas) no han andado lejos del resto de las parcelas de la vida social minadas por el clientelismo, la prevaricación, la estafa y la corrupción. Si la dimensión económica del escándalo bien es verdad que no es comparable, también es cierto que, ahora… ¿desde qué lugar quieren dar lecciones de integridad, de honestidad, de honradez? También en esto, como nuestros viejos políticos dinásticos, los poetas están presos de su propio pasado. Ni se puede recomponer el socialismo desde un hotel de cinco estrellas ni puede haber indignación poética creíble por parte de los que son lo que son gracias al sistema putrefacto en el que vivimos y al que ellos, con sus libros y sus gestos, han colaborado de forma entusiasta a mantener engrasado todos estos años.

Voces del extremo