Por mí y por mis compañeros

POR MÍ Y POR MIS COMPAÑEROS

La sirena anuncia el recreo. Mohamed se acerca a mi mesa para que le anote su positivo en el cuaderno que le compré al principio de curso. No huele muy bien: en el cuchitril en el que malvive no tienen agua y no ha podido asearse en todo el fin de semana. Ahora, mis compañeros de Educación Física le tienen preparada la muda limpia para cuando termine de ducharse en los vestuarios. Sobre su mesa, la bolsa con los bocadillos que le prepara nuestra cantinera. Le toca pagarlos al de Tecnología.
Me reconcome el cabreo de hace dos horas. He reñido por enésima vez a los de 1º de Bachiller, porque sólo unos pocos llevaban al día la materia, mientras que muchos se habían abandonado. Les echaba en cara que desaprovecharan los recursos que el Estado, al que sus padres sostienen, ponía a su servicio. Les decía que de entre ellos tenían que salir los notarios, los jueces del mañana. Me interrumpió Fran, diciéndome que los notarios y jueces futuros iban a un centro de pago (dio el nombre, precisamente, del colegio en el que trabajaba el que se dice presidente de “todos” los murcianos). Que ellos, los de este instituto público, en todo caso, iban a ser sus jardineros. Solté una blasfemia. Les dije que fueran lo que ellos eligieran, no lo que a los otros les conviniera.

En el vestíbulo mi compañera la Conserje bromea sobre que el viernes por la tarde se le acabaron los pañuelos de papel con los críos de 2º de Bachiller, que habían suspendido alguna materia en la Evaluación Final. Nos miramos y con una sonrisa triste recordamos los malos tragos pasados al intentar consolar a criaturas que entre lágrimas te decían que habían hecho todo lo que podían, pero no les había bastado para aprobar.
Mi compañero el Secretario reniega porque desde la Consejería siguen sin pagarle lo que nos deben y no ve cómo va a poder hacer frente a los gastos de mantenimiento.
En el patio saludo a Paco, mi compañero de ACNEE, al que cabrea que en su pueblo le digan que tanto estudiar para acabar de Maestro de Tontos. Va acompañado a todas partes de dos de sus “Secretarios”, uno con Hiperactividad y Déficit de Atención severo, que nos llegó expulsado de un concertado.
En un rincón está Ella. La semana pasada le dieron el alta desde Psiquiatría. Lucha como una jabata contra su anorexia. Su madre nos imploró que la vigiláramos. Teme que lo vuelva a intentar por 3ª vez. Mi compañera la Orientadora no la pierde de vista.
Esta es la realidad cotidiana para nosotros, profesores en un centro público, punta de lanza contra la ignorancia, carne de cañón, indignamente comandada y humillada. Menospreciada por una sociedad enferma, que, por desconocimiento, infravalora nuestra labor. Por eso nos saca de nuestras casillas escuchar a aquellos que, desde sus despachos y coches oficiales, dicen que no pasa nada por tener a 10 alumnos más por clase: para ellos son simples cabezas de ganado. Ésos y sus mamporreros tienen de Profesor lo que yo de obispo. Amén.

ARÍSTIDES MÍNGUEZ BAÑOS, PROFESOR DE INSTITUTO PÚBLICO

leído en el muro del facebook del poeta Sergio Gómez

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