Presentación del libro ‘El otro McCoy’, de Brian McCabe

Presentación del libro El otro McCoy, de Brian McCabe. 

¿Que dónde? ¿Que qué día y a qué hora? Jueves, 19 de enero, a las 20 horas en la Librería Antígona, Pedro Cerbuna, 25 , Zaragoza-

El acto será presentado por Susana Onega Jaén, catedrática de Filología Inglesa en la universidad de Zaragoza, y contará con la presencia del autor, Brian McCabe, que estará acompañado por los editores de  Jekyll&Jill.

Es Nochevieja en Edimburgo y el cómico imitador Patrick McCoy espera su estelar aparición televisiva en El show de Hogmanay. El que debería ser un gran día para McCoy comienza, sin embargo, de forma mucho menos luminosa: deberá recorrer las calles de Edimburgo para vender mirillas de puerta en puerta, acompañado por una insistente resaca, algunos agujeros en su memoria más reciente y una multitud de voces en su cabeza. En su deambular por la ciudad, Pat se topará con variados personajes y con situaciones desternillantemente difíciles antes de entrar en el Año Nuevo.

Brian McCabe nació en una pequeña comunidad minera cerca de Edimburgo. Estudió Filosofía y Literatura Inglesa en la Universidad de Edimburgo. Ha trabajado como escritor freelance desde 1980, y ha sido editor de la prestigiosa revista literaria The Edinburgh Review (2005-2010). Actualmente es profesor de escritura creativa en la Universidad de Lancaster. Ha publicado cuatro colecciones de poesía —Spring’s Witch (Mariscat, 1984), One Atom to Another (Polygon, 1987), Body Parts (Canongate, 1999) y Zero (Polygon, 2009)—; cuatro colecciones de relatos —The Lipstick Circus (Mainstream, 1985), In a Dark Room with a stranger (Hamish Hamilton, 1993), A Date with my Wife (Canongate, 2001) y Selected Stories (2003)— y  (Mainstream, 1990).

Sobre  Brian McCabe se han dicho cosas como:

  • Aderezado con exuberancia y estilo, revela la ambición característica de la mejor ficción escocesa. Independent.
  • McCabe tiene un estilo veloz y adictivo… y un gran sentido del humor. Time Out.
  • Brian McCabe ha construido una pequeña y trepidante odisea por la ciudad de Edimburgo, con gran gusto e ingenio. Listener.
  • Maravillosamente excéntrico y divertido… Brian McCabe es un escritor afilado y minucioso, con un ingenio letal. Su agudo y desesperado retrato de la Escocia de finales de 1980 luce una irresistible pátina de farsa. Scotland on Sunday.
Los orgullosos editores

La década de 1990, que vio el estreno de Trainspotting en las pantallas de medio mundo, las primeras andanzas de Harry Potter —creado en un pequeño café de Edim bur go—, el auge de la banda Primal scream, la consolidación del grupo Cocteau Twins, los primeros experimentos mun diales en clonación, la elección de Glasgow como Capi tal Europea de la Cultura o el restablecimiento de los lazos diplomáticos entre el Reino Unido y Argentina, no comen zó siendo tan optimista como uno pudiera creer. De hecho, la situación social y cultural en Escocia no se encontraba en sus mejores momentos. El norte del Reino Unido atravesaba una fuerte crisis —«rece sión» la llamaban entonces—, debida, en parte, a la insostenibilidad de las medidas políticas y de las reformas económicas y sociales del gobierno conservador liderado por Margaret Thatcher. Muchas empresas de la industria pesada, que sostenían la economía del norte de Gran bretaña, tuvieron que cerrar, provocando un escandaloso ascen so en el número de desempleados. Como consecuencia de esta situación y del desinterés del partido conservador Tory con respecto a Escocia —la hermana pobre de Inglaterra—, los ciudadanos observaban con recelo y amargura a la administración que gobernaba desde Londres. Los trabajadores de la industria minera se pusieron de nuevo en huelga en 1984 tras las dificultades que ya habían vivido en la década de los setenta. Dicha huelga, que duró más de doce meses y que se cobró la vida de diez manifestantes, se convirtió en un acto simbólico contra las medidas del gobierno conservador —que persistía en referirse a los mineros como «el enemigo de dentro»—, pero no con si guió mejorar realmente la situación laboral. El gobier no liderado por la Dama de Hierro, que entendía el fracaso económico como una muestra de debilidad personal, no hacía nada por contribuir a solucionar esta situación, que empeoraba gradualmente. A causa de las medidas politicas y sociales que Thatcher decidió probar en Escocia, como el impuesto de capitación, el Poll Tax—un fuerte sistema de impuestos por el que todo adulto debía pagar una tasa local por cada habitante que residiera en una misma vivienda en vez de por vivienda y que favorecía a los ciudadanos más pudien tes— o los seve ros recortes en el gasto público, el nacio nalismo escocés volvió a coger fuerzas y snP, el par ti do nacionalista escocés, recobró la energía que había mostrado a principios del siglo xx, cuan do el llamado «Rena cimiento escocés»—la explosión cultural modernis ta lide ra da por figuras como Hugh MacDiar mid (1892-1978), cofundador del partido nacio nalista escocés snP, Lewis Grassic Gibbon (1901-1935) o Edwin Muir (1887-1959)—elevó la autoestima de los escoceses y dio a conocer al mun do una excelente tradición literaria frecuentemente eclipsada por la inglesa. Y es que en Escocia, la revolución social y política siempre han ido de la mano de un resurgir cultural y artístico. Quizá no sea casualidad, por tanto, que el primer año de la década de los noventa, que vio como la Primera Ministra Margaret Thatcher renunciaba a su puesto, y que inauguró la venidera confianza en la economía y la sociedad esco cesa —que culminaría en 1999 con la reapertura del Parlamento escocés, cerrado desde 1707—, fuera el mismo que el que vio la publicación de la novela del escritor escocés brian McCabe, El otro McCoy. A Patrick McCoy, el protagonista de la obra que nos ocupa, El Otro McCoy, podría contemplársele como un reflejo de esta búsqueda personal y del contexto social de una gran ciudad que atraviesa ciertas dificultades. McCoy también es la imagen de un individuo que no tiene una identidad inamovible y claramente definida, sino más bien una que fluctúa y varía dependiendo del contexto. Así pues, tanto la identidad personal como la identidad comunal o nacional se revelan como aspectos de gran impor tancia en esta novela. La novela cuenta la historia de Patrick McCoy, un comediante desempleado, que se despierta en el día de Hogmanay—la nochevieja escocesa— con una terrible resaca, incapaz de recordar con claridad lo que hizo la noche anterior en la fiesta de un amigo. En este estado de ánimo, Pat no puede dejar de pensar en su condición presente, en su pasado y en su futuro. Hay que decir que Patrick McCoy es un comediante especialista en hacerse pasar por otras personas y hablar con voces diferentes; pero no solo lo hace cuando está en el escenario, sino también durante su venta ambulante por las calles de Edimburgo, haciéndose pasar por otras personas, hablando a través de sus voces y des lizándose bajo la piel, mientras intenta averiguar quién es él realmente y quienes son las otras personas. Como consecuencia de su incontenible impulso personificador, la focalización —definida como la relación entre los elementos presentados y la visión a través del cual se les presenta— es uno de los aspectos más interesantes de la novela, ya que proporciona un profundo conocimiento de su forma y finalidad. La novela presenta una doble focalización homodiegética, es decir, los dos personajes prin cipa les —Patrick McCoy e Yvonne— nos cuentan su historia desde su personal punto de vista. Además, toda la acción ocurre en un solo lugar, la ciudad de Edimburgo, y en un día, aunque la narración muestre muchas acronías y saltos temporales, motivados por el fluir de la consciencia del personaje principal, por sus recuerdos y sus ricas asociaciones. En cierto modo, las andanzas de Pat por Edimburgo recuerdan a las de stephen Dedalus y Leopold bloom en el Ulises (1922) de James Joyce. Al igual que Joyce con Dublín, McCabe es a menudo bastante irónico y cómico en sus representaciones de las zonas urbanas de Escocia: Edimburgo es presentada como una caótica ciudad en la que habita todo tipo de gente, incluidos los turistas —con McCoy en el papel principal de turista—. Esta ciudad se muestra a veces como un cómico y exagerado «holograma» que ha sido puesto en el lugar de la auténtica para que los turistas y también los nativos disfruten de lo que el narrador irónicamente define como la experiencia auténticamente escocesa. La idea de que en el fondo todo muestra una fachada se ve reforzada por la actividad de McCabe: la venta de mirillas. Debido a su peregrinaje, Pat conoce a muchas personas que viven en diferentes partes de Edimburgo. McCoy no puede dejar de hacer algunos comentarios sobre la situación social de Escocia cuando ve las condiciones de vida de la gente; su situación económica no es muy vistosa tampoco. El tema de las mirillas le sirve al narrador para hacer algunas reflexiones sobre la política y control social. Estos pequeños y simples artefactos, que recuerdan al ojo del Gran Hermano que todo lo ve en la novela  (1949) de George Orwell, sirven como comentario de temas más generales, relativos a la seguridad y la privacidad. El gobier no, como la ciudad que uno tiene antes sus ojos, puede ser una entidad falsa, un impostor. Relacionado con este tema, se encuentra la colectividad en la que vive McCoy. En la novela, la comunidad se asocia con el motivo del doble, ya que las relaciones sociales implican la adopción de papeles por parte del protagonista, y la necesidad de construir una imagen pública, relacional, más o menos coherente, por lo que la identidad se revela como un asunto privado y público al mismo tiempo. Desde esta perspectiva, las personificaciones de Patrick pueden interpretarse como una manera de escapar de las expectativas sociales, de romper las reglas sociales que debería seguir. Pero esto no lo convierte en un héroe romántico, solitario, ya que McCoy, con el fin de sentirse bien, necesita un sentido de pertenencia a esa comunidad. Él quiere ser uno de ellos, y el otro McCoy le permite sentirse integrado, perderse en el anonimato de la multitud, y superar su soledad y sentirse cerca de otras personas. Todos estos elementos relativos a la identidad personal y comunal resultan tremendamente actuales y pueden ser aplicados también a otras naciones. Además, la circularidad de la novela y el renacimiento de Patrick McCoy expresan que todavía es posible la renovación de la novela escocesa, a través de la reelaboración creativa de antiguos significados. En este sentido, no sería una exageración concluir diciendo que El otro McCoy es una buena muestra de la inmensa potencialidad de la literatura, que nunca se agotará mientras haya escritores con la suficiente capacidad imaginativa para transformar lo viejo en nuevo, lo particular

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