Cyrano en enero

¿Trabajar por hacerme un nombre con un soneto, y no hacer otros? ¡No, gracias! ¿Hacerme nombrar papa por los cónclaves de imbéciles de los mesones? ¡No, gracias! ¿No descubrir el talento más que a los torpes, ser vapuleado por las gacetas y repetir sin cesar: « ¡Oh!, ¡a mí, a mí, que he sido elogiado por el Mercurio de Francia!»? ¡No, gracias! ¿Calcular, tener miedo, estar pálido, preferir hacer una visita antes que un poema, releer memoriales, hacerse presentar? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!

Cyrano de Bergerac, Acto II, Escena VIII, Edmond Rostand


5 respuestas a “Cyrano en enero

  1. Acabo de leerlo hace apenas unas semanas después de haberme metido en vena dos de sus versiones cinematográficas (la de Ferrer y la de Depardieu, obviosly), miles de veces.
    La continuación del texto, por cierto, apelando a la independencia, a la honestidad, a la inteligencia, al propio criterio y al espíritu crítico, es tan bueno o mejor que el fragmento que has escogido.
    Besos narigudos

  2. Solo al que vale reconocer los méritos
    no pagar jamás por favores pretéritos,
    renunciar para siempre a cadenas y protocolo;
    posiblemente no volar muy alto, pero solo.

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