«Ya no quedan espejismos en el Sahara», poema de Ángel Petisme

Duelen estas lágrimas.  Salen de la pantalla y se funden con las mías, con las vuestras. Duele saber que la morgue está llena, que hay cientos de desaparecidos, que torturan a los jóvenes, que los hospitales están llenos, que día y noche detienen  a la población… Duelen esas lágrimas, como duele este poema del músico, poeta y amigo Ángel Petisme. Texto duro, vigente y necesario.

Foto tomada durante la manifestación del sábado 13 en Madrid.

Ya no quedan espejismos en el Sahara.

España,
vente a la cárcel negra de El Aaiún,
llevo treinta años pronunciando tu nombre,
España, tu nombre en vano.
Lo grito cuando me torturan los charcuteros,
los vejadores del simún,
lo escupo cuando aspiro al milagro de vivir
y me acaricio para sobrevivir.
Observa mis heridas del color de las rejas
de esta execrable cárcel de dioses abandonados.
Somos doscientos saharauis
hacinados como lápidas, como bestias sin voz,
y unos 200.000 en medio de la nada
de la hamada hostil.

La nada son 5 bajo cero de noche
y 45 grados bajo el sol del olvido
del campo de refugiados.

Vente a la cárcel negra donde Aminetu escribe:
Estoy tan segura de vosotros como lo estoy del mar
que me espera a 25 kilómetros, tan segura de que esos niños
volverán a su tierra liberada…

Lo gritan nuestros niños cuando se lanzan al sol
y caen en tus piscinas de Madrid, Euskadi…
Esos delfines buscan respuestas en tu secreto hipócrita
y regresan a casa con tu nombre en los labios.

España no te laves las manos otra vez,
no te daré mi melfa para secarte.
No me abandones a mi suerte de fósforo y napalm.
Tienes una herida sobre el Trópico de Cáncer,
supura por el norte, con el río Draá,
supura por el este en las montañas del Zemmur,
por el valle del Tiris los dátiles, los oasis supuran,
supura el manantial de las dunas del Azefal
y llega por el oeste la hemorragia al Atlántico.

España, no pidas calma
a los hombres azules con el tiempo en las manos
y el corazón de arena. No pidas silencio
a los presos políticos, los desaparecidos,
ni paciencia a este pueblo ocupado, expoliado
que lleva un siglo soñando contra el sol
sometido a banderas y demonios ajenos.

No quedan espejismos en el Sáhara,
también aquí volaron el arco iris
con hermosas palabras y bombas de racimo.

Ángel Petisme, Demolición del Arco Iris (Baile del Sol, 2008).

 


Isabel González, en el «Atrapamundos»

Citas para anotar:

María Isabel González Ibáñez nos invita a leer sus poemas. Lugar:   Atrapamundos (C/Mefisto, nº 4). Un lugar perfecto donde se exponen sus textos junto a las fotografías de Miguel Angel Latorre. Todo un lujo.  Para obtener más información, pinchad aquí: «El Hayedo de Lamia». Allí nos vemos.

ON A HOT ROOF

Bajo las tejas, la oscuridad que inunda el alma
esconde jirones ajados,
retazos de vidas antiguas superpuestas,
enlazadas, muertas.

Entre las tejas, surcos profundos preñados de ausencias,
se oculta la escarcha.
Y en ellos, las hojas, niñas mimadas del cierzo,
empapan el dolor de la espera.

Sobre las tejas, donde nunca miras,
creció un tapiz de ternura
en el que las risas, huérfanas eternas,
han calentado su urdimbre
dibujando el sol y la niebla.

 

Texto de María Isabel González

«Diario de invierno», de María Pérez Collados

María Pérez Collados imparte clases de canto y dicción en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza. Con su grupo María Confussion ha editado dos discos. Ahora María presenta su  libro de poesía «Diario de Invierno». Será el jueves, 18 de noviembre, a las 19:30, en la Biblioteca de Aragón. Acompañan a María, el escritor Adolfo Ayuso y  varios actores que recitarán algunos textos con acompañamiento musical. El libro está cuidadosamente editado por Ediciones Nuevos Rumbos. Algo que se agradece mucho.

Del libro subo dos textos que me han gustado especialmente. Suerte, María.

I

Los días pasaban y ella sentía esa leve rabia del que sabe que las cosas no están bien, no están del todo bien, pequeñas traiciones, insignificantes injusticias.

II

Y todo este tiempo detenido, tengo mi tiempo como un charco pequeño en el que juego, me ensucio los pies, me pongo triste. Este tiempo no es mío y yo lo voy arañando y me digo, un día tendré a las palabras a tomar café y conversar sobre la lluvia. Mientras, tengo este tiempo que me han prestado, que me coge del brazo y me arrastra por la ciudad de un sitio a otro. A veces lo convenzo y vamos a tu casa, entonces lo engañamos, lo encerramos en un armario y yo me río.

Textos de María Pérez Collados