Campana, poesía y amigos

Tengo seis «presuntos amigos» que han hecho un bote apostando que no voy a acudir a la sesión poética de «La Campana de los Perdidos» el sábado.  Dicen que pondré excusas, desde que Messi necesita hablar conmigo para meter goles (juega el Madrid-Barça esa noche), o que me quedaré encerrada, o que el pánico se me apoderará. Se equivocan y mucho.  Y como sé que alguno se pasa por este blog, dejo aquí un mensaje.  Sí, voy a acudir,  y os vais a tener que comer vuestra apuesta con patatas, crudas a poder ser. Y si no rectificáis os dedicaré una bronca personal esa noche.

Y aunque cuando estoy en casa me siento bien, me siento a salvo, de vez en cuando salgo y participo en actos, sesiones poéticas incluidas. Como por ejemplo la que anuncia el cartel siguiente. Así que allí nos vemos. Mientras tanto, entrad en mi  casa, acostaos un rato, mirad el cielotecho y respirad la tierra. Entenderéis por qué me gusta tanto esta fotografía de Erik Johansson, convertida desde hace tiempo en micropoema personal.

Campana de los Perdidos. Calle Prudencio, 7. Nos vemos.