Ricardo III y yo, un asunto muy personal.

Muy personal

Ahora, el invierno de nuestro descontento se ha transformado en glorioso verano bajo este sol de York… (Ricardo III,  de  William Shakespeare.  Acto primero. Primera escena).

Necesito una clínica de desintoxicación muy específica. Veo a Ricardo III por todas partes.  Siempre hay un Ricardo III aguardando en la esquina de mi calle, en la verdulería, en la biblioteca, incluso en la presentaciones de libros, en las sesiones poéticas, a veces hasta entre mis compas animalistas. Si pudiera me querellaría contra William. Le diría que es culpable de crearme un trauma ricardiano.  La cumbre de Copenhague estaba llena de Ricardos III, sólo que éstos eran imbéciles. Ricardo no lo era, malvado sí, imbécil no.
Incluso a mi peluquero le veo parecido con el Monarca de York. Mi reino por unas tijeras, creo que me dijo ayer, mientras me cortaba rizo tras rizo. Lo hacía como si fuera una venganza.  Por cierto, os recomiendo una película que dirigió Al Pacino, Se titula Looking for Richard”, La  hizo para curarse de su obsesión ricardiana. Fantástica en versión original. Buenísima. Yo me estoy curando con ella, a ratos, un poco, a veces….

Mi reino por un caballo, el curro, este sol de York, comprar, el descontento, la prensa, glorioso verano, la nieve, el invierno, Copenhague y sus apéndices, este sol de York zaragozano.

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La bella Sáhara

En el nombre de Sáhara

América, África, Italia, Israel… la lista es larguísima”, explica Mohamed en la ventanilla del Registro Civil de Bilbao. “¿Por qué no puede mi hija llamarse como nuestro país?, pregunta indignado. “No existe, ese nombre no existe”, replica una y otra vez el funcionario. “¿Y cuándo éramos colonia española? ¿Existíamos entonces? ¿Y las toneladas de pescado que nos roban hoy vuestros barcos? ¿De dónde salen?”, insiste sin éxito Mohamed.

Nora, su primera hija, cumple el viernes seis años. Cuando nació, Mohamed y su mujer, Enguia, apenas llevaban unos meses instalados en Euskadi tras dejar los campamentos de refugiados. Sáhara llegó en mayo del año pasado y sus padres consiguieron finalmente que autorizaran su nombre. Eso sí, después de presentar una carta del Frente Polisario, el gobierno saharaui en el exilio, donde se certificaba que Sáhara en su tierra se utiliza también como nombre propio femenino.

“Estáis locos”, bromean todavía algunos Sigue leyendo «La bella Sáhara»