Coetzee, un jamón,el viaje y una cesta de frutas

Para Sandra Rodríguez-Orta Rigo

Entro a Viajes Marsans. Me dicen que si hago un viaje con ellos me regalan un jamón. Les digo amablemente que hay tantas posibilidades de que yo me coma su jamón como de ser la primera bailarina del Bolshoi. Como vegana y clienta deberías ofrecerme otra alternativa, “una cesta de fruta”, por ejemplo.” Bueno, es complicado”, me dice perplejo el de la agencia. Y esa es justo la palabra que detesto. Complicado. Se me han encendido las neuronas  vitaminadas y las uvas de la ira.  Yo soy vegana, no marciana. Dicen que  mañana lo discutirán. Personalmente la cesta de fruta me da igual, lo que quiero es que un jamón no sea mi premio, porque yo no me llevo a casa nada que haya dejado de vivir para ser mi comida. Ni de coña, Marsans, ni de coña.

Por cierto, he pensado en J.M. Coetzee ¿Qué habría hecho mi escritor de diciembre?

Lo digo públicamente, me gusta John Maxwell Coetzee. Me gusta muuucho. Y físicamente me recuerda a  Clint Eastwood, pero mi  Maxwell en guapo.