Libros y descanso

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Este blog y yo nos ausentamos unos días. Para la ocasión nos vestimos con varios libros pendientes de ser leídos y otros a punto de serlo. Aquí una pequeña muestra. Hasta dentro de un rato, nómadas. Besos.

Nancy Hawker (selección y presentación)

CUENTOS DE ESCRITORAS CHECAS

Este libro une a escritoras de diferentes generaciones, estilos y procedencia. El libro tiene una mordaz y sensible visión de la naturaleza humana.

REBECCA O’CONNOR
SCÉALTA.
CUENTOS DE MUJERES IRLANDESAS

Historias crudas, pero siempre enriquecedoras narraciones fantásticas, páginas llenas de detalles llenos de vida, a veces bulliciosa.

De Jamaica Kincaid, me llevo «Lucy».  Una novela llena de referencias autobiográficas, en la que Kincaid vuelve a ahondar en su mundo interior con una extraña fuerza desafiante y misteriosa.

Los tres libros pertenecen a la editorial Txalaparta.

Puntos G

Este texto es del periodista  y amigo Guillermo Pardo y lo he tomado de su blog «Migramundo». Os gustará.

Demasiados puntos G

Las mujeres tienen en la zona genital un punto llamado de Gräfenberg, en honor a su descubridor, al que para abreviar llamamos G y que, según parece, produce múltiples sensaciones placenteras. Podemos deducir, pues, que a más puntos G, más placer.
El mundo, nuestro mundo, tiene muchos puntos G y, sin embargo, no nos producen orgasmos, sino desesperanza, desolación, frustración y otras sensaciones no placenteras. ¿Ejemplos? Demasiados. Veamos:

Tenemos un punto G-4 que quiere estar en todas las fiestukis, un G-5 que aspira a ser invitado a las más importantes, un G-6 que puede organizar las más concurridas, un G-7 que necesitaba un local más grande y pasó a llamarse G-8, un G-15 tan selecto que se reserva el derecho de admisión, y un G-20 que va camino de convertirse en bacanal. A esos, y para que no falte espectáculo, podemos añadir el G-14, es decir, el de los futbiclubes (con perdón).
Mientras tanto, en un rincón de la gran sala se ha quedado, compungido y sin nadie que lo acaricie, el punto G universal, ese que, vistas las faenas que le hacen los anteriores, los onanistas, parece estar situado en el polo opuesto de donde tienen las mujeres el suyo.

Texto de Guillermo Pardo