El colmo de una antitaurina

El colmo de los colmos de los colmos de una antitaurina militante es:

  • A)  -Vivir enfrente de la Plaza de Toros. Verla por la mañana, por la tarde, por la noche.
  • B) -Tener un vecino torero que a todas horas te pide sal, te pide consejo sobre cómo planchar, te invita a pizza, a chupito de melón y te pasa pelis románticas.
  • C) – Que tumbada sobre la camilla el ginecólogo que te visita se acuerde de que un día a la entrada de la Plaza de Torturas te dijo «pedazo de gilipollas, cállate ya» y tú le contestaste «tú sí que eres un pedazo de salvaje, asqueroso y sanguinario de mierda». A lo que tu amiga añadió risueña y feliz eso de: «si quieres sangre, córtate las venas».  El ganchoaparato que lleva en la mano suena metálico y sanguinario y  se acerca más y más…

A ver quién acierta con la  respuesta.

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Así es como quiero ver una plaza de torturatoros, llena de hierba y sin olor a sangre….

Y la próxima cita es en Pamplona, visitad Anima naturalis pinchando aquí.

«Las esquinas de la Luna», de Luisa Miñana

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Esta semana nos vamos a «Las esquinas de la luna», de la mano de Luisa Miñana. Será el martes 16, a las 20 horas en la FNAC, Plaza de España. Allí descansaremos un poco del agobio del verano, de la atmósfera pesada de la ciudad. Lo haremos en compañía de la autora y de sus anfitriones, Nacho Escuín, editor, y María Ángeles Naval, también con la música de Martín Navarro.

«Las esquinas de la Luna» es un libro muy  bello, lleno de sonidos, de ciudades, de conversaciones íntimas y de invocaciones a la sombra, como este poema que tanto me gusta.

Invocación a la sombra*

No es mi sombra muy larga. Camina tras de mí dos o tres pasos.
Pero no me conoce. Habita mi casa y comparte la tarde
por las innumerables tiendas del centro de la urbe,
encogiéndose temerosa del tráfico a mi lado.
No habla.
Me tira de la falda si se aburre de mí.
Juega conmigo y en la noche resopla encaramada
como un gato al cabecero de mi cama. Pero no me conoce.
Si lo hiciera, no dejaría que hablara a solas siempre
delante del espejo, enloqueciendo.

*Antiguo rito de brujería que se practicaba con finalidades amorosas. Lo describe bien Maria Tausiet.

«Las esquinas de la luna», autora: Luisa Miñana, editorial «Eclipsados».

Tomad nota y acudid a buscar las esquinas, las esquinas de la luna.

Presentación de «Perturbaciones»

El martes es un buen día para perturbarse, una palabra que, por cierto, se utiliza poco. Perturbarse es bueno, significa que estamos vivos, que reaccionamos. Perturbarse en compañía de los relatos de excelentes escritores es aún mejor y, si algunos de los que nos perturban son Patricia EstebanÓscar Sipán, Carlos Castán e Ignacio Martínez de Pisón, la perturbación está asegurada.  El libro  se presenta  el martes, día 16, a las 20  horas en la librería Cálamo de Zaragoza (Plaza San Francisco). Personalmente la edición de esta antologia que nos acerca al género fantástico  me parece un acierto. Pinchad en la imagen y entrad en la página. La información que se da es tan buena como perturbadora.

Poetas, dentistas y Miguel Ángel Ortiz Albero

IMG_2887He coincidido con  el escritor Miguel Ángel Ortiz Albero en varias ocasiones, pero jamás habíamos intercambiado palabra alguna, ni siquiera un seco o plomizo: «Hola, ¿qué tal?». Hace unos meses compré su libro «Algunas palabras para las desapariciones», un libro que me gustó mucho, pero que me inquietó por su título. Yo acababa de escribir un texto muy absurdo que se titulaba «Contrato de desaparición». Texto que se comió Ada, mi perra, en un gesto de inteligencia que le honra.

Hace un par de semanas me sometí a una pequeña intervención en la encía. Madrugué mucho, tanto que me sobró tiempo, así que me preparé un sabroso vaso de agua y volví a leer el libro de Albero.  Anoté en mi libreta: «Preparar texto para el blog sobre este  libro». Después me fui a la clínica. Tenía previsto sentarme en el sofá  más cómodo de la sala de espera y relajarme un poco. Estaba inquieta. Abrí la puerta y comprobé que alguien  se me había adelantado.  La sala de la clínica es muy agradable, está llena de cuadros  y con una luz suave y cálida que relaja mucho.  Decidí  mirar quién era el listo que había madrugado más que yo, que me había quitado mi sofá preferido y  que tenía la respiración tan inquieta. Y he aquí que era ni más ni menos Sigue leyendo «Poetas, dentistas y Miguel Ángel Ortiz Albero»

Un poema de Miguel Ángel Ortiz Albero

Galeria de Nikki.jane

Como se anotan las palabras, en el cristal empañado, para que desaparezcan. Palabras para las desapariciones, para los silencios. Palabra de silencio y desaparición, que se traza con la yema. Y que abre huecos para ver las calles. Sois, somos, para los transeúntes, el escaparate móvil, la galería de retratos de este tiempo. Somos, dentro de esas palabras que, en el cristal, trazamos. Hacedlo. Y mirad por ellas a las gentes de afuera. Que así veréis, de nuevo, a la mujer del cuaderno azul en e1 regazo, la que espera callada, con gestos en las manos para subir de nuevo con la mirada entornada. Buscadla en las calles y trazad la palabra. Trazad vuestra palabra azul, en los silencios vuestros.

Título: «Algunas palabras para las desapariciones» de Miguel Ángel Ortiz Albero. Editorial ECLIPSADOS, colección de poesía.

Fotografía de la Galería Nikki Jane


CANNABIS… érase una vez

IMPORTANTE: LEED ESTO ANTES DE SUMERGIRSE EN EL CUENTO


•    El ochenta por ciento de esta historia es real, es decir sólo el ochenta por ciento de las mujeres de mi familia toman marihuana. Primas, quedaos tranquilas.
•    Ya no tengo macetas de marihuana en mi casa, mi madre ahogó a cuatro y secó a dos aquel verano. Nunca más regresaron a mi casa. Se las echa en falta. Mucho.
•    Reivindico el uso de la marihuana no sólo como uso terapéutico, también como uso personal, por mi propio derecho.
•    Yo no bebo apenas, no fumo tabaco, no como carne ni pescado, llevo años fumando ocasionalmente porros y nunca he necesitado ni he querido tomar otra cosa.  Soy tan responsable como el que más y no sé por qué razón tengo que aguantar las asquerosas jaquecas y la prohibición de cultivo para uso personal.



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Algunas mujeres de mi familia siempre hemos tomado marihuana, ya sea en forma de cigarrillo, tisana, mantequilla o galletas, estas últimas fantásticas por cierto.  Hay muchos tipos de marihuana, tantos como quesos en Francia. Yo con el tiempo he aprendido a seleccionar bien y sé cuál debo tomar cuando las jaquecas anuncian su llegada. Además, como duermo mal, me viene muy bien esa placentera tranquilidad que induce al sueño.  Hace unos años tenía seis hermosas plantas de maría en la terraza. Las cuidaba con mimo, les hablaba y veía con felicidad su ansiado desarrollo. Llegó el verano, me iba un par de semanas fuera y una de mis preocupaciones era qué hacer con ellas, cómo protegerlas del sol, cómo darles la suficiente agua y sombra.  Hablé con mi madre y le pedí que las cuidara en la galería de su casa, un lugar excelente para protegerlas del calor sofocante de agosto. De acuerdo, me contestó, aquí será más fácil cuidarlas.  Acordamos trasladar las macetas de mi casa a la suya, apenas unos doscientos metros separan nuestros domicilios. Lo haríamos de noche y de forma discreta.  Mejor pasadas las doce, sugirió mi hermano.

Aquel verano mi calle estaba literalmente patas arriba. Su remodelación era una de las pocas cosas activas en la ciudad.  Se ensanchaban las aceras y se cambiaba el sentido de la circulación.  Al salir de casa lo primero que encontraba era una larga frontera de vallas que me separaba de la calle, convertida entonces en una improvisa playa de tierra y piedras. Había que caminar por un improvisado acceso de peatones de uno en uno. Quien tenga memoria y acierte con la calle de la que hablo sabrá lo que digo.
A las doce en punto de la noche llegaron mi madre y mi hermano dispuestos al traslado de Lady Marihuana Sativa. Un cuarto de hora más tarde ya estábamos bajando las escaleras. Pero la aventura empieza aquí:
De uno en uno salimos a la calle con nuestras macetas. Como no vimos a nadie por ningún lado, continuamos avanzando, ¿nadie, he dicho nadie?… En el otro extremo de la calle, justo al doblar la esquina, apareció un grupo de personas, Sigue leyendo «CANNABIS… érase una vez»