Poetas, dentistas y Miguel Ángel Ortiz Albero

IMG_2887He coincidido con  el escritor Miguel Ángel Ortiz Albero en varias ocasiones, pero jamás habíamos intercambiado palabra alguna, ni siquiera un seco o plomizo: «Hola, ¿qué tal?». Hace unos meses compré su libro «Algunas palabras para las desapariciones», un libro que me gustó mucho, pero que me inquietó por su título. Yo acababa de escribir un texto muy absurdo que se titulaba «Contrato de desaparición». Texto que se comió Ada, mi perra, en un gesto de inteligencia que le honra.

Hace un par de semanas me sometí a una pequeña intervención en la encía. Madrugué mucho, tanto que me sobró tiempo, así que me preparé un sabroso vaso de agua y volví a leer el libro de Albero.  Anoté en mi libreta: «Preparar texto para el blog sobre este  libro». Después me fui a la clínica. Tenía previsto sentarme en el sofá  más cómodo de la sala de espera y relajarme un poco. Estaba inquieta. Abrí la puerta y comprobé que alguien  se me había adelantado.  La sala de la clínica es muy agradable, está llena de cuadros  y con una luz suave y cálida que relaja mucho.  Decidí  mirar quién era el listo que había madrugado más que yo, que me había quitado mi sofá preferido y  que tenía la respiración tan inquieta. Y he aquí que era ni más ni menos que el mismísimo Miguel Ángel Ortiz Albero. ¿Casualidad?, ¿coincidencia?, yo que sé.   Lo miré,  me dio la risa y decidí contarle por qué me reía. «Hola, esta mañana antes de venir te he leído». Entre perplejo y dolorido, Ortiz Albero apenas pudo atinar a decir «¿qué me dices?». Al final, los dos acabamos hablando de nuestros dientes, encías, de la ciudad, de libros, de ideas interesantes que deberían aplicarse para difundir más lo que se publica.  Hablamos largo y tendido bajo dos bellos cuadros de Paco Simón y Jorge Gay.  Hablamos hasta que se abrió la puerta y me llamaron.  Luego vino la anestesia, las batas verdes y blancas de los médicos y ese horizonte de metales y focos que hacen que el tiempo pase más despacio de lo que deseas.    El siguiente post pertenece al libro del escritor y compañero de dentista  Miguel Ángel Ortíz Albero. Al que espero poder encontrarme en muchos saraos literarios y pocas veces en consultas médicas.


15 respuestas a “Poetas, dentistas y Miguel Ángel Ortiz Albero

  1. Tot, pero que exagerado eres. Pero eso sí, la anestesia me deja relajadita.

    Un beso,

    Marta

    Dana, tú también de dentistas.
    Pues la próxima vez nos contamos experiencias. La verdad es que gracias a Ortiz Albero se me pasó el tiempo rápido.

    Un beso,

  2. yo también me habría reído… ¡que casualidad!… el destino, marta, el destino que quería que os conociéseis, su lectura fue una premonición (me ha salido la vena gallega-meiga)

    biquiños,

  3. Menos mal que encontraste una cara amiga en un lugar tan tortuoso como ése. Yo me imagino el dentista de ‘Marathon man’ y… :S
    ¿Y qué tal eso de esperar la tortura entre peotas? ¿Os inspiró poemas góticos llenos de colmillos sanguinolentos o versos volátiles mecidos por la anestesia?
    Besos para Marta y un abrazo para el condoliente Miguel Ángel.
    Salud (dental),
    Chesús

  4. Como diría alguien cercano a mi, simpática historia .
    La verdad es una casualidad entre casualidades ,misma consulta, dos que escriben y uno de ellos acaba de leer al otro antes de ir .¡ Genial ! .La próxima mejor tomando una caña .
    Buen gusto el de tu dentista,me encanta J.Gay .
    Saludicos .

  5. A Miguel Ángel lo conozco desde hace no mucho, pero puedo decir con conocimiento de causa que es un cielo, un tío encantador, más majo que pa qué. Ha sido compañero mío en un trabajo sobre tomates, pepinos y coliflores, pásmate. Y nos lo pasábamos cañón. Es positivo, alegre, bueno.

    Una anécdota para que se vea su talante: un día va de camino al trabajo, por la mañanica, y se encuentra a un amigo. «Miguel Ángel, ¿adónde vas tan sonriente?». «A trabajar», contesta él. «¡Coño! ¿Y así de sonriente vas todos los días a trabajar?». «Pues sí, claro. ¿Y por qué no?».

    Se hace a querer enseguida. Un lujo, amigos.

    (Pero estoy en deuda con él: no he leído sus libros… Acabo de anotar el título del que hablas tú, que no tengo perdón ni sustancia.)

    bssosss

  6. Innisfree,
    supongo que quieres decir poetas, no peotas. Fue bien, yo salí contenta y el otro día me dijo Miguel Ángel que él muy bien también.
    Carmen,
    sí, es una casualidad muy caprichosa.

    Inde, podemos remediarlo e ir juntas a la próxima presentación de su libro en unos días.

    Besazos,

    Marta

  7. Pues no estaría mal tener un encuentro así cada vez que una fuera al dentista… es un poco surrealista, pero tuvo que ser muy emocionante el encuentro, de todos modos.
    Muy bien descrita la sensación que se tiene al estar en la sala del dentista… yo ya he tenido más de una experiencia en ese terreno. Dichosos dientes.
    Besos.
    Rosa.

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