CANNABIS… érase una vez

IMPORTANTE: LEED ESTO ANTES DE SUMERGIRSE EN EL CUENTO


•    El ochenta por ciento de esta historia es real, es decir sólo el ochenta por ciento de las mujeres de mi familia toman marihuana. Primas, quedaos tranquilas.
•    Ya no tengo macetas de marihuana en mi casa, mi madre ahogó a cuatro y secó a dos aquel verano. Nunca más regresaron a mi casa. Se las echa en falta. Mucho.
•    Reivindico el uso de la marihuana no sólo como uso terapéutico, también como uso personal, por mi propio derecho.
•    Yo no bebo apenas, no fumo tabaco, no como carne ni pescado, llevo años fumando ocasionalmente porros y nunca he necesitado ni he querido tomar otra cosa.  Soy tan responsable como el que más y no sé por qué razón tengo que aguantar las asquerosas jaquecas y la prohibición de cultivo para uso personal.



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Algunas mujeres de mi familia siempre hemos tomado marihuana, ya sea en forma de cigarrillo, tisana, mantequilla o galletas, estas últimas fantásticas por cierto.  Hay muchos tipos de marihuana, tantos como quesos en Francia. Yo con el tiempo he aprendido a seleccionar bien y sé cuál debo tomar cuando las jaquecas anuncian su llegada. Además, como duermo mal, me viene muy bien esa placentera tranquilidad que induce al sueño.  Hace unos años tenía seis hermosas plantas de maría en la terraza. Las cuidaba con mimo, les hablaba y veía con felicidad su ansiado desarrollo. Llegó el verano, me iba un par de semanas fuera y una de mis preocupaciones era qué hacer con ellas, cómo protegerlas del sol, cómo darles la suficiente agua y sombra.  Hablé con mi madre y le pedí que las cuidara en la galería de su casa, un lugar excelente para protegerlas del calor sofocante de agosto. De acuerdo, me contestó, aquí será más fácil cuidarlas.  Acordamos trasladar las macetas de mi casa a la suya, apenas unos doscientos metros separan nuestros domicilios. Lo haríamos de noche y de forma discreta.  Mejor pasadas las doce, sugirió mi hermano.

Aquel verano mi calle estaba literalmente patas arriba. Su remodelación era una de las pocas cosas activas en la ciudad.  Se ensanchaban las aceras y se cambiaba el sentido de la circulación.  Al salir de casa lo primero que encontraba era una larga frontera de vallas que me separaba de la calle, convertida entonces en una improvisa playa de tierra y piedras. Había que caminar por un improvisado acceso de peatones de uno en uno. Quien tenga memoria y acierte con la calle de la que hablo sabrá lo que digo.
A las doce en punto de la noche llegaron mi madre y mi hermano dispuestos al traslado de Lady Marihuana Sativa. Un cuarto de hora más tarde ya estábamos bajando las escaleras. Pero la aventura empieza aquí:
De uno en uno salimos a la calle con nuestras macetas. Como no vimos a nadie por ningún lado, continuamos avanzando, ¿nadie, he dicho nadie?… En el otro extremo de la calle, justo al doblar la esquina, apareció un grupo de personas, en apenas unos segundos me di cuenta que se trataba de policías.  Eran unos 3 ó 4 y estaban como nosotros enclaustrados en ese acceso minúsculo que nos obligaba a caminar de uno en uno. La policía avanzaba hacía nosotros.  Recuerdo que las piernas se me convirtieron en requesón (como diría Montalbano), pensé en el lío en el que nos íbamos a meter. No podíamos retroceder, entre otras cosas porque mi madre no se había percatado de la presencia de la policía y avanzaba la primera a cierta distancia de nosotros, contenta y feliz por ser guardiana de mi macetatesoro. El aire de la noche colaboró en extender el embriagador aroma de la maría dejando una dulce estela a nuestro paso. Cuando nos encontramos frente a frente con la policía tuvimos que pararnos para ceder el paso. Buenas noches, señora, buenas noches. En ese momento estábamos todos, la policía,  nosotros tres y las marías… Yo creo que mi maceta, que era la más grande, rozó la nariz y la barbilla de uno de los policías. El olor a maría era tan intenso como el silencio y la perplejidad de tan absurda situación. Uno de los policías hizo ademán de decir algo, pero por alguna razón que no entenderé nunca tan sólo nos miraron y siguieron su camino.  Os podéis imaginar lo rápido que llegamos a casa y también lo que fumé aquella noche…



17 respuestas a “CANNABIS… érase una vez

  1. Pues muy cerquica de mi casa hay una tienda donde venden de todo para cultivarla y nunca he visto una cinta de esas de plástico con letras de policía local etc, cerrando el acceso a ella. Me parece que o no es ,o no debería ser un delito tener una planta de maría para sea el uso que sea.
    Lo que cuentas es divertido,pero debe de ser para que te pase…ja ja ja
    Saludicos y bienvenida a casa.

  2. ¿Y para la migraña va bien?. Es que a mi me tiene frita y estaría bien dejar tanto medicamento horroroso que no me sirve de mucho, la verdad.
    Qué estampa más estupenda la de las marías, las macetas y los polis. Talmente almodovariano.

    Besos

  3. Me doy el post por dedicado! Qué imagen más entrañable jejejej
    Yo creo que hay algún que otro madero comprensivo y seguramente no tendréis pinta de traficantes. De todas formas, tuvísteis suerte 😀
    Besos

  4. Carmen, pues por tener macetas te pueden renegar….

    El Barzal, el médico de Barna siempre lo recomienda y el de aquí pues también y el de Donosti y el de…. y para el glaucoma y en los casos de anorexia, ya que abre el apetito.
    Para conducir un camión, coche o avión pues no, para eso, mejor que no.

    ANiz, en un rato te lo dedico.
    Fue de risa, como dice EL BARZAL, muy almodovariano. Si lo ves en una peli no te lo crees, absurda situación, produce risas ahora, pero ese día, pues no….

    Kisses,

    Marta

  5. Pues sí, menuda estampa en plena calle. Supongo que el poli vio el lío que se iba a montar en la comisaría si aparecíais todos allí, las dificultades que tendría en explicarlo todo, y lo dejó pasar. Una suerte, sin duda, que nuestro carácter sea así. Llegas a vivir en Suiza y os veo en el trullo.
    Besos.

  6. Pordiossss….que momento, jejejeje… realmente cinematográfico. Te imagino después en casa sofocadica, y la mamma tan tranquila.
    Genial estampa, de veras.
    He oído hablar a tanta gente de sus beneficios que me parece verdaderamente ridícula la doble moral que hay con la maria..es que no lo entiendo. ¿Que demonios se piensan que son los orfidales, diazepanes y demases?..¡que país!
    Kisikos guapa.

  7. Alfredo, aquello fue como el sueño de una noche de verano en versión maríaaaa.

    Inma, me ha costado subir este post, pero es que ya me cansa tanta estupidez.

    Raúl, la fragancia era palpable y silbar difícil, no veas como estaba mi cara, pero voy a silbar ahora siguiendo tu sugerencia.

    M

  8. Me ha llegado el olor, Marta, extendido por el calor de la noche de verano. Qué situación, hija, yo creo que les pudo el sentido común y dejaron la comisaría para lo que está. Y no para llevar a una madre que va a cuidar tres macetas tan contenta. Hubiera sido un plan:-)
    Besos.

  9. pues no tengo ni idea de como huele la maría, vaya, seguro que me estoy perdiendo algo importante… pero al menos me quedo con la sensación que has descrito.

    biquiños,.

  10. Pués yo me he reído con la situación. Seguro que en el momento no os hizo nada de gracia, pero ahora os debéis de tronchar al recordarlo o no?
    Besos.

  11. Es la primera vez que oigo hablar mantequilla con María… me imagino la situación, jejeje, ¿Quién sabe? A lo mejor lo que el policía estuvo a punto de decirte fue le dabas un poco XD
    Yo tengo una compañera de clase, enfermera pre-jubilada, que dice que no puede terminar la carrera sin fumarse un porro en el césped de la facultad… como buena Universitaria, claro.
    Besos.
    Rosa.

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