«Ellos», de La Mala

Este texto pertenece a  «La Mala», editora de «La matadora de brújulas». Ella, «La Mala», escribe historias que nunca  dejan indiferente. Porque la indiferencia es una palabra que no existe en su diccionario. Y no, no soy entusiasta cuando digo que escribe más que bien, soy sencillamente justa y me quedo corta.

antoine-herbert

Muchos. Amados, odiados, follados, inventados. Pero nunca demasiados.


Lo último que dijiste fue «tú has nacido para esto».

Unos veinte minutos atrás te desbordaste en un orgasmo caudaloso con el que me enceraste los muslos y con el que me arrancaste un mechón de pelo y una carcajada al grito de «¡meretriz!». Un poco antes dijiste que me colocara a cuatro patas al borde de los pies de la cama y me follaste inclemente como una lluvia ácida, mecánico como una torre petrolífera de perforación y soporífero como un mitin de José Montilla. Nada más llegar a tu piso balbuceé pene, saliva y lengua con la boca sitiada mientras tú bramabas «¡mesalina!» y Björk se desgañitaba irritante pero alternativa desde el iPod. En el ascensor tus dedos sólidos malograron una promesa líquida bajo mi ombligo. Al acabar con la segunda botella de vino aceleraste el monólogo con el que aplastaste mi cabeza contra una de las paredes del bar en el que me habías citado, para convencerme sin la colaboración de una tercera botella de que eras un hombre excéntrico, iconoclasta, contradictorio, heterodoxo y contestatario para afirmar, ya agotados los sinónimos del Word que memorizaste, que tú eras el sexo. Sin haber terminado la primera copa de Rioja sabía que eras un tipo ridículo, cargante, adocenado y vulgar que vivía de prestado usando palabras ajenas y autores que siempre citabas mal.

Lo último que dije fue: «tú no».

El cuadro es de Antoine Helbert, un creador que me gusta y que os invito a visitar.