Monopolios editoriales

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Desde hace un tiempo  la editorial «Sudamericana» forma parte del conglomerado de Random, pasándose a llamar Randon House Mondadori, quien a su vez es una división de Bertelsmann. Un suma y sigue en las grandes editoriales que van acaparando sellos cual colecciones de cromos, empobreciendo con ello la oferta literaria independiente y limitando seriamente el trabajo de humildes editoriales que no pueden competir con los monstruos de la edición. Así pues, a los sellos Debate, Grijalbo, Plaza Janes, Beascoa, Montena, De Bolsillo, Lumen, Rosa dels Vents, Caballo de Troya y Areté se une ahora Sudamericana. Mientras tanto, en las librerías cada vez es más reducido el espacio destinado al resto…

Parte de esta información la hemos tomado del catalogo mensual de la editorial Txalaparta

Nota:  Subimos el comentario que ha hecho Alfredo Moreno, mantenedor de «39 Escalones» porque es muy interesante y el de la escritora Mónica Gutiérrez porque además de claro y certero es indispensable.


Como el negocio de Internet, como las discográficas, como la industria del cine… Todas las productoras que antes iban a Sundance a ofrecer el poco cine que puede llamarse así producido en Estados Unidos, ahora han sido compradas por las productoras de siempre. Son filiales cuyos Consejos de Administración deciden en última instancia los proyectos que se filman haciendo desaparecer lo que hace unos años era verdadero «cine de autor». Lo que era cine con abundante, importante y profunda carga social, humana, política y emocional ahora está bajo los designios de Disney y Miramax. Bob y Harvey Wenstein, que durante una década produjeron algunas de las joyas de verdadero cine americano, ahora se limitan a firmar proyectos sin riesgo que otros han decidido por ellos. Y, como con los libros, basta pasear la mirada por las carteleras, por las tiendas de cine o por los video-clubs para ver a qué nos lleva todo eso. A una inmensa y profunda banalidad.
Besos

De Mónica

Durante más de dos años mi libro: “Si vuelves te contaré el secreto” fue remitido y paseado a todas las editoriales que consideré interesantes, decentes y coherentes con mi forma de ver la literatura y vivir el día a día. Puedo asegurar que tuve un gran problema ya que no son demasiadas.
Hacer demagogia con que el mundo editorial está siendo engullido por los grandes Grupos, sin dejar de ser cierto, me parece algo que se queda corto. Ese no es el problema del mundo literario. El mundo literario en general está podrido. Podríamos comenzar desde las becas, los maravillosos concursos, las entrevistas en prensa, el cinismo, los enchufados… pero sería algo eterno.
Estoy cansada de las demagogias, porque aquí al final los que se están llevando la plata son los unos y los otros. Unos porque ya la tienen. Los otros porque tiran de la desesperación del rey de los pringados “el inédito” que para ver su libro en papel los explotan más que a un globo en un cumpleaños.
Y volviendo al tema son honrosas y loables las excepciones en las que un editor sigue publicando porque creé en el compromiso con la literatura, con la palabra, las letras. Tenga mayor o menor fuerza su sello dentro del panorama desolador de los libros.
Paradójicamente envié mi manuscrito a Caballo de Troya casi a los dos años de su gestación sin ningún tipo de esperanza. Me gustaba la línea editorial, la manera de presentar los libros, sin fotos ni historias y sobre todo porque conocía la trayectoria de su editor. Le mandé por email el manuscrito a Constantino Bértolo, sin conocerle de nada, y obtuve la respuesta de: Sí.
No sólo no podía creerlo, por un motivo lógico, no tengo un maldito contacto, ni siquiera conocido de lejos en este mundo, sino el darme cuenta de que existía gente que realmente apostaba por nosotros los pringados absolutos de este mecano absurdo que es el mundo editorial. Me seguiré quitando el sombrero por ello, todos los días si hace falta. Por eso, y porque es la única propuesta que había recibido decente. Y cuando digo decente me refiero a la decencia que viene vinculada a la honradez.
Que no fuera pagarme mi libro, pero callarme después como hacen tantos que te cruzas por la calle y parece que les tengas que rendir pleitesía. Seamos serios, que poco o mucho, al final todo se sabe. Sería un debate interesante, como tantos están desvirtuando con su soberbia el duro oficio del escritor. También me propusieron la opción de otorgarme un premio y publicarme si luego me lo pagaba yo misma. Las propuestas que tenía eran tan vergonzosas como hirientes para alguien que como yo vive esto de una manera seria.

Caballo de Troya distribuye de manera indivual. Lo que me lleva a que tenga infinitos problemas para que la gente pueda comprar mi libro al igual que las pequeñas editoriales. O que se compren un caballo que ni siquiera es el mío, porque su color indefinido y su portada son idénticas.
Publiqué en Caballo y me siento tremendamente orgullosa de haberlo hecho allí.
No defiendo mi editorial, defiendo mi trabajo. Y este es honrado y no se puede decir lo mismo de otros sean de grandes o pequeñas empresas. Por otro lado si alguien piensa que Bertelsmann me está pasando una pensión por tara mental mientras intento dar forma a mi tercera novela, se equivoca. Soy pobre, no mejor soy paupérrima, pero a mucha, muchísima honra.
Una se cansa de entrar en cestos que no le corresponden. Y si alguien se pregunta por qué sigo, es muy simple. Creo que hay lugar para todos, también para los que esto es simplemente su vida.
Y que si echamos mierda, o la echamos toda y para todos o nos dejamos tranquilos.
Si todo está podrido, yo al menos dentro del Titanic me quedo sola, pero cerca de los músicos, que serán los más pobres, pero los más ricos de espíritu.
Mónica

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4 respuestas a “Monopolios editoriales

  1. Como el negocio de Internet, como las discográficas, como la industria del cine… Todas las productoras que antes iban a Sundance a ofrecer el poco cine que puede llamarse así producido en Estados Unidos, ahora han sido compradas por las productoras de siempre. Son filiales cuyos Consejos de Administración deciden en última instancia los proyectos que se filman haciendo desaparecer lo que hace unos años era verdadero «cine de autor». Lo que era cine con abundante, importante y profunda carga social, humana, política y emocional ahora está bajo los designios de Disney y Miramax. Bob y Harvey Wenstein, que durante una década produjeron algunas de las joyas de verdadero cine americano, ahora se limitan a firmar proyectos sin riesgo que otros han decidido por ellos. Y, como con los libros, basta pasear la mirada por las carteleras, por las tiendas de cine o por los video-clubs para ver a qué nos lleva todo eso. A una inmensa y profunda banalidad.
    Besos

  2. Y también las librerías independientes son menos. Las grandes firmas se instalan por doquier y son las que más venden. Hace un tiempo las pequeñas casi desaparecieron del todo. Ahora, sin embargo, parece que no sólo hay valientes que aguantan, sino otros valientes que abren nuevos locales delicados, exquisitos, personales. Se publica tanto, hay tantos nuevos títulos en el mercado a cada rato que, para elegir, unos optan por seguir las recomendaciones de los suplementos literarios de los periódicos, otros por mirar las estanterías de «los más vendidos» (son los más perezosos)… y otros, por consultar con su librero. Un librero que sabe de lo que habla y al que no le da igual vender libros que paquetes de macarrones. Un tesoro.

  3. «…qué nos lleva todo eso. A una inmensa y profunda banalidad.» Qué difícil combatirla pero todavía hay algunos que se defienden o que no necesitan tener inmensas ganancias para sentirse gratificados.

    Besos

  4. Durante más de dos años mi libro: “Si vuelves te contaré el secreto” fue remitido y paseado a todas las editoriales que consideré interesantes, decentes y coherentes con mi forma de ver la literatura y vivir el día a día. Puedo asegurar que tuve un gran problema ya que no son demasiadas.
    Hacer demagogia con que el mundo editorial está siendo engullido por los grandes Grupos, sin dejar de ser cierto, me parece algo que se queda corto. Ese no es el problema del mundo literario. El mundo literario en general está podrido. Podríamos comenzar desde las becas, los maravillosos concursos, las entrevistas en prensa, el cinismo, los enchufados… pero sería algo eterno.
    Estoy cansada de las demagogias, porque aquí al final los que se están llevando la plata son los unos y los otros. Unos porque ya la tienen. Los otros porque tiran de la desesperación del rey de los pringados “el inédito” que para ver su libro en papel los explotan más que a un globo en un cumpleaños.
    Y volviendo al tema son honrosas y loables las excepciones en las que un editor sigue publicando porque creé en el compromiso con la literatura, con la palabra, las letras. Tenga mayor o menor fuerza su sello dentro del panorama desolador de los libros.
    Paradójicamente envié mi manuscrito a Caballo de Troya casi a los dos años de su gestación sin ningún tipo de esperanza. Me gustaba la línea editorial, la manera de presentar los libros, sin fotos ni historias y sobre todo porque conocía la trayectoria de su editor. Le mandé por email el manuscrito a Constantino Bértolo, sin conocerle de nada, y obtuve la respuesta de: Sí.
    No sólo no podía creerlo, por un motivo lógico, no tengo un maldito contacto, ni siquiera conocido de lejos en este mundo, sino el darme cuenta de que existía gente que realmente apostaba por nosotros los pringados absolutos de este mecano absurdo que es el mundo editorial. Me seguiré quitando el sombrero por ello, todos los días si hace falta. Por eso, y porque es la única propuesta que había recibido decente. Y cuando digo decente me refiero a la decencia que viene vinculada a la honradez.
    Que no fuera pagarme mi libro, pero callarme después como hacen tantos que te cruzas por la calle y parece que les tengas que rendir pleitesía. Seamos serios, que poco o mucho, al final todo se sabe. Sería un debate interesante, como tantos están desvirtuando con su soberbia el duro oficio del escritor. También me propusieron la opción de otorgarme un premio y publicarme si luego me lo pagaba yo misma. Las propuestas que tenía eran tan vergonzosas como hirientes para alguien que como yo vive esto de una manera seria.

    Caballo de Troya distribuye de manera indivual. Lo que me lleva a que tenga infinitos problemas para que la gente pueda comprar mi libro al igual que las pequeñas editoriales. O que se compren un caballo que ni siquiera es el mío, porque su color indefinido y su portada son idénticas.
    Publiqué en Caballo y me siento tremendamente orgullosa de haberlo hecho allí.
    No defiendo mi editorial, defiendo mi trabajo. Y este es honrado y no se puede decir lo mismo de otros sean de grandes o pequeñas empresas. Por otro lado si alguien piensa que Bertelsmann me está pasando una pensión por tara mental mientras intento dar forma a mi tercera novela, se equivoca. Soy pobre, no mejor soy paupérrima, pero a mucha, muchísima honra.
    Una se cansa de entrar en cestos que no le corresponden. Y si alguien se pregunta por qué sigo, es muy simple. Creo que hay lugar para todos, también para los que esto es simplemente su vida.
    Y que si echamos mierda, o la echamos toda y para todos o nos dejamos tranquilos.
    Si todo está podrido, yo al menos dentro del Titanic me quedo sola, pero cerca de los músicos, que serán los más pobres, pero los más ricos de espíritu.
    Mónica

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