Recuperar la memoria es recuperar la dignidad

Dice Ernesto Sábato en  Sobre héroes y tumbas” que “la memoria es lo que resiste al tiempo y a sus poderes de destrucción, y es algo así como la forma que la eternidad puede asumir en ese incesante tránsito.  Y que esos hombres que la han perdido como en una formidable y destructiva explosión de aquellas regiones profundas, son tenues, inciertas y livianísimas hojas arrastradas por el furioso y sin sentido viento del tiempo”.

Resulta indignante que a estas alturas aún haya que justificar el derecho de tantas personas a saber dónde fueron a morir sus seres queridos. El siguiente testimonio pertenece al blog de Chesús Yuste. El cuadro de Magritte se titula la Memoria y es uno de esos cuadros que siempre me han impresionado mucho, como la historia de Antonio Musulén.

Mientras se van descubriendo, con gran impacto social internacional, los casos de niños desaparecidos durante las dictaduras militares de Argentina y Chile, que fueron “adoptados” por la fuerza por los jerarcas de esos regímenes, muy cerca de aquí todavía permanecen bajo una losa de silencio de setenta años los niños desaparecidos en la guerra civil española. En estos tiempos de recuperación de la Memoria Histórica, no sólo hay todavía hijos del ‘36 que buscan las tumbas de sus padres, sino que también encontramos a quienes buscan el rastro de hermanos desaparecidos. Es el caso de Antonio Musulén, un hombre entrañable, a quien tengo el honor de conocer y que en el diario ‘20 Minutos’ nos cuenta su historia. Realmente me ha conmovido leer su testimonio.

Antonio Musulén: “Buscaré a mi familia hasta que me muera, siempre está la ilusión”

  • Sus padres fueron fusilados en agosto de 1936 en la tapia del cementerio de Torrero.
  • Entre la Guerra Civil y la posguerra fueron fusiladas 8.556 personas en Aragón.

Zaragoza se convirtió en una ciudad en la que se sucedían los fusilamientos en agosto de 1936. Más de 3.000 personas registradas fueron asesinadas en las paredes del cementerio de Torrero hasta 1939 y más de mil sin registrar están enterradas en fosas en Valdespartera y en el Canal según calcula el historiador, Julián Casanova.

Entre las víctimas se encuentran el metalúrgico Paulino Musulén, también representante del sindicato CNT. y su esposa Josefina Tudela, que estaba embarazada. Su hijo Antonio no pide exhumar sus cuerpos, porque “habría que levantar medio cementerio de Torrero”, pero sí solicita que se les dignifique tras años de silencio, porque “además de matarlos, los borraron”.

Antonio Musulén: “La Ley de Memoria Histórica se queda corta”.

“Sus compañeros ya le aconsejaron a mi padre que se marchase, pero se quedó por sus hijos”, asegura Antonio Musulén, que entonces tenía 5 años.

El 13 de agosto de 1936, mientras el pequeño estaba en Remolinos, “un falangista detuvo al matrimonio. Sin ningún juicio, él fue fusilado. Ella dio a luz a una niña en el Hospital Provincial, y después corrió la misma suerte que mi padre”.

“Además, quien les acusó vació su casa en un mes y desaparecieron las hojas en las que estaba registrado el nacimiento de esa niña en el hospital“, según explicó Musulén a 20 minutos. “Buscaré a mi hermana hasta que me muera porque siempre te queda la ilusión”, asegura Musulén.

Su familia, como otras en su misma situación, exige que se haga un listado completo de desaparecidos y que las instituciones ayuden a encontrarlos e identificarlos.