Un hogar para las rosas en Etiopía

Trampled Rose, el hogar de las rosas en Etiopía.

Cuando pienso en el hogar para las rosas en Etiopía y en Becky Kiser hay que hacer un esfuerzo para no emocionarse demasiado. Conocer a Becky es una suerte, porque es una persona única, extraordinariamente fuerte y de una generosidad que avergüenza, pero que anima al mismo tiempo a creer que lo peor y lo mejor del genero humano a veces se dan la mano. Sirva este post como denuncia de la situación de miles de niñas en Etiopia, pero también como declaración de admiración y de amor a Becky Kiser, a su trabajo, a sus inteligencia y a su fuerza, que unidos hacen que el mundo sea un lugar más cálido y llevadero. Becky ha estado estos días en Madrid dando conferencias. Mil besos a Becky Kiser, conocerla es un enorme placer que no se olvida. Y gracias al indispensable blog Lápices para la paz que fue quien habló de Becky Fisher y nos puso en la pista de esta maravillosa persona.

Y aunque sabemos que es un texto duro, somos consciente de ello, creemos que es necesario o leerlo para conocer lo que le sucede a tantas niñas en el mundo. Se quedará un tiempo aquí. Por respeto y por cariño a sus protagonistas y al trabajo de mucha gente. Este texto es de las editoras de “Lápices para la paz”.

Wobete tenía tan sólo 13 años cuando quedó embarazada. Se había casado a los 11 años, poco antes de su primera menstruación, y su cuerpo pequeño y poco desarrollado no estaba listo para las exigencias del parto. El niño nació después de cinco días agotadores de parto en su hogar, pero estaba muerto.
Como resultado del arduo y prolongado parto,
Wobete sufrió desgarros que la dejaron dañada. Tenía un orificio, o fístula entre la vejiga de la orina y la vagina, y otro entre la vagina y el recto, por lo que no podía controlar sus funciones excretoras normales y las heces y la orina le resbalaban continuamente por las piernas. Su marido la rechazó sin contemplaciones y la envió de vuelta a la casa de su familia.
La madre de Wobete la llevó a la clínica de salud del gobierno, en la ciudad principal de la provincia, Bahir Dar, Etiopía, pero las enfermeras le dijeron que no podían tratar a la niña y le aconsejaron llevarla a Addis Ababa, la capital del país, lo más rápidamente posible, porque si seguía sin tratamiento podía morirse de infección y deficiencia renal. La familia vendió una vaca para pagar el viaje de tres días y llegó con Wobete a las puertas del Hospital de Fistulas de Addis Ababa sin un céntimo...

Historias como estas son habituales en Etiopía. Niñas transformadas Sigue leyendo «Un hogar para las rosas en Etiopía»