LA CAJA

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Este será mi último post por una corta temporada. Pero seguro que entenderéis que la «caja» de la que hoy os voy a hablar tiene que ocupar mi tiempo y mis fuerzas. Besos miles.
Hace tiempo que mi madre trajo «la caja» a casa y me dijo: «Tienes que leerlo todo, organizarlo y escribir sobre la familia». Luego añadió: «Si te duele, te aguantas y no pongas excusas, ya me las sé todas». Luego  dio media vuelta y se fue con Ada a pasear al parque.

He aquí la caja, las excusas y el tiempo que muerde con fuerza, toda la fuerza que a mí me falta para abrir la caja. Dentro de «la caja» se encuentran muchas cartas, fotografías, diarios personales, recibos, anotaciones y recuerdos, muchos recuerdos. Todo pertenece a mi padre. Las cartas las envió desde la cárcel de Carabanchel, cartas a mi madre y a sus hermanos. Mi padre compartió celda con el escritor Luis Goytisolo. La relación entre ambos fue extraordinariamente buena. Mi padre solía decir que la cárcel le permitió jugar cientos de partidas de ajedrez con Goytisolo. Martín, mi padre, quedó fascinado por la inteligencia y la cultura de Goytisolo, y al escritor le sorprendió conocer a un hombre de la clase trabajadora culto y con un vasto conocimiento de la literatura rusa. Ésa era una obsesión de mi padre, en especial Chejov. Yo creo que Luis Goytisolo no había estado tanto tiempo y tan cerca de un trabajador en su vida. Proviene de una familia de burguesía catalana, todo lo contrario que mi familia paterna aragonesa. Cada uno aprendió del otro. Pasaron bastante tiempo en la misma celda, hasta que un funcionario avisó de que hablaban mucho y de que se reían demasiado. (Sí, sí, no penséis que la cara de vinagreta la ha tenido Luis Goytisolo siempre, no, qué va). Como se llevaban bien, los separaron. Llevarse bien era peligroso. El diario cuenta anécdotas de Martín Navarro, mi padre, y de Luis Goytisolo, aunque para ser justos, he de decir que de quien mis padres siempre han hablado con gran cariño es del poeta José Agustín Goytisolo, que se ocupó de mi madre cuando fue puesta en libertad a los pocos días de ser detenida. Mi familia tiene la costumbre de hacer las cosas a pares, y la detención en Zaragoza y posterior traslado a Madrid fue en dúo, mi padre y mi madre en la misma noche. Cosas de familia. Yo no había nacido, así que de esto sólo tengo la historia oral, más bien poca, las cartas y un breve encuentro con José Agustín, breve pero muy, muy cálido.

Bueno, el caso es que hay mucho material, pero desgraciadamente mi padre no está ya para poder consultarle cosas y mi madre no quiere ayudarme. Sólo quiere que yo me ocupe de poner las cosas en orden, de escribir sobre ellas y de no quitar nada, nada, aunque haya cosas que duelan a algunas personas. Yo esto último no lo puedo hacer, me es imposible. Temo equivocarme o lastimar a alguien.

La nueva excusa es el blog, le he dicho que ando liada y que la caja puede seguir cerrada un tiempo. «Ah y, si me muero ahora mismo, qué», eso me ha dicho. Mira, si te mueres ahora mismo, haz favor de no dejarme una caja para que yo la ponga en orden. Tu caja ordénala tú. Ha colgado el teléfono y ha dicho no sé qué cosa… Mi madre, que siempre ha simpatizado con los anarquistas, no se anda con rodeos, tiene un genio de mil demonios y es capaz de encerrarme en casa a pan y agua hasta que haga estos dolorosos deberes. También ha añadido algo así como que «me estoy leyendo cada tostón sobre la vida de los demás, que hasta de un grano en el culo hacen una historia, y mientras tú, que tienes material del bueno, no haces nada».

De aquí a un tiempo, me temo que mucho, voy a estar secuestrada con una lupa, un paquete de pañuelos, espero que algún porro y una caja llena de recuerdos familiares. O sea, contenta…

Un beso y hasta pronto…

Felicidades, Maestro

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Llegamos a Catania el 2 de enero. Lo primero que hicimos fue entrar en una tienda de discos para comprar un par de cds de Battiato, el dependiente nos dijo “pasad, pasad, aquí está tutto di Franco”. Ágata rió de lo lindo y Marta se apresuró a decir, «no me acostumbro, no me acostumbro a su nombre«. Y allí delante de nosotras había cerca de 60 discos, desde los años 70, pasando por los 80, los 90, y “Dieci estratagemmi”. Compramos cerca de 30 discos, nos quedamos sin dinero, pero nos llevamos cuarenta años de música extraordinaria, de bálsamo para los días áridos y grises. Las semanas que pasamos en la isla fueron inolvidables. Como nuestra amistad, a prueba de distancias, de silencios y exenta de mentiras. Somos como dicen, «amigas de largo recorrido«. Y en los bolsillos llevamos música y aroma silicianos. De hecho Ágata es siciliana.

A Battiato le gusta cantar sentado sobre una alfombra árabe, como si de un contador de cuentos se tratara. Su música hace vibrar. Estremece. Un torrente de emociones surge de la garganta de este místico, de este artista que no cesa de inventarse a sí mismo. Ecléctico hasta en el carnet de identidad, con Battiato es fácil entrar en un trance místico-terapéutico, o acabar bailando como derviches giróvagos. La experiencia siempre está asegurada.

Hoy Battiato cumple años. La inmortal ciudad de Zaragoza con sus ondas Pro-Expo 2008 no figura entre las ciudades que van a ser escenario de sus conciertos. ¡Cosas de los listos de la cultura, de su buen hacer, de su sensibilidad casposa!

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MAESTRO!!!, tal vez encuentres un momento para echarnos un vistazo y una… sonrisa. Felicidades de parte de Julia, Marta, Ágata y Sussa.

Por cierto, hoy subimos un tema espléndido pero un vídeo raro, rarísimo, a Marta no le gusta mucho, pero tiene la peculiaridad de que hay algún que otro conocido en él. Añadimos otro más con Luca Madonia, siciliano, amigo y espléndido cantante.

Il ballo del Potere