Mi familia y otros animales, con permiso de Gerald Durrell

ada-2.jpg Esta rubia llegó a casa desnutrida, hecha un manojo de nervios, fruto del abandono, de una compra caprichosa en una tienda, de un regalo. Algo absurdo cuando hay cientos de animales esperando en las perreras y en las protectoras para ser adoptados. Bueno, sigo. Ella llegó y se instaló en la casa. La gobierna siempre que puede y la dejamos. Convive en dos casas, tiene pues dos rebaños a los que cuidar aunque nadie se lo pida. Tiene su ración de libertad: dos veces al campo y tres paseos diarios al parque, creo que tiene más libertad y campo que yo. Sigo. Se llama Ada, en honor a Ada Byron, brillante matemática, hija de Lord Byron. Leía un libro sobre ella y ¡zas!… Tía Julia le compra chuches e Innisfree alguna vez, alguna vez, la saca a pasear. Nunca nadie en la vida se alegra tanto al verme como ella. Cien veces que entre por la puerta, cien veces que brinca y me achucha. El achuchón es mutuo. Nadie como ella sabe lo mal que me puedo encontrar, a pesar del disimulo. A los demás se les engaña con facilidad, pero no hay maquillajes para Ada, siempre lo sabe, lo siente, lo percibe. Es un cielo, pero no es la única que ha pasado por casa. También están Ian, Thor, Silbo, Estrella, Erin, Whisky y el último Elrond. Algunos, como Félix y Celta, se fueron para

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siempre, pero el tiempo que estuvieron en casa fue estupendo. Ian fue adoptado y vive junto a  Lourdes y Nina  en L’Estartit. Otros esperan el turno de ser adoptados. Esta es una foto de un miembro de mi familia y otros animales. Con permiso de Durrell, claro está. Este post está dedicado a la gente de Alborada, a Amnistía Animal, a Cuatros gatos y tú, a Marta López, a Respeto Animal y a todos los que aman y respetan los derechos de los animales, pero muy especialmente a Montserrat Masferrer.