César Vidal, coge el dinero y… ladra

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¿Quién no ha cometido un error en su vida? ¡Casi todo el mundo! Es algo normal, ¿verdad? Pero hay errores que ni con el tiempo acaban de digerirse. Y, si no los echas fuera, acaban enquistándose más y más.
¡Sirva pues este post de terapia!

Hace unos doce años conocí a un educado y amable César Vidal. Entonces pendía sobre él y su libro “Holocausto” la amenaza de un grupo de neonazis. La ONG en la que yo participaba le dio apoyo y comenzó así una historia de amistad y errores.
Durante un tiempo confié, confiamos, en aquel ratón de biblioteca que publicaba libros casi mensualmente, como si fuera una menstruación puntual.

César nos confesó en tardes de tertulia y café cosas como éstas:

– Soy republicano. Lo llevo en la sangre.
– Mi familia ha sido siempre socialista. Yo voto socialista de toda la vida.
– Odio el fascismo y el fascismo me odia a mí.
– El Partido Popular es una panda de ladrones con un coeficiente mental de hormigas.

Amigas y amigos, testigo soy de estas frases.
Había siempre un séquito de gente alrededor de César Vidal. El que conducía el coche, el que hacía los recados, el que buscaba información, archivos, datos, etc. Yo solía reunirme a solas con él, siempre en la misma cafetería. Nunca se sentaba de espaldas a la puerta. “Nunca sabes si puede haber un facha acechando”, decía riéndose.

Un día nos despedimos. César Vidal se iba de viaje por un tiempo a Israel y México. A su regreso, quedamos a tomar café y empecé a notar cambios. Comenzó a burlarse de gente a la que siempre había respetado mucho. Su tono era cada vez más ácido, más inexplicable. Cuando le di la lista de personas que había solicitado entrevistar para su próximo libro, me dijo: “Pero casi todos son comunistas, y anarquistas y socialistas. Esto no me sirve”.

Mi perplejidad fue en aumento cuando narró las maravillas del Estado de Israel y la maldad natural que yacía en el pueblo Árabe. Le contesté. Enojado por mis palabras, Vidal me dejó plantada. La siguiente cita aún fue peor. En ella sacó su lado más homófobo y racista. ¡Y sólo habían pasado dos meses desde aquellas palabras de respeto a los movimientos sociales, a la inmigración, a los republicanos…!

Ahora, cuando por casualidad nos encontramos, baja la cabeza o se cruza de acera. Sabe que yo sé, sabe que conozco, como muchas otras personas, la clase de individuo que es, que era (y no lo supimos ver) y mucho me temo que seguirá siéndolo en el futuro.
Desde su púlpito manchado de mentiras, rabia y crueldad extrema, César Vidal vomita cada día a golpe de talonario palabras llenas de soberbia, rencor y violencia. Hace buena la tesis de su estudiado Goebbels de que
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