Así empieza “El contrato de los dioses”.

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Para Tai, Ankti  y Lua. Y que el viento nos lleve al mejor puerto.

EL CONTRATO DE LOS DIOSES

En 1989,  Ankti, Tai, Lua y yo coincidimos en la frontera con Templeland, un lugar de latidos oscuros, de lluvia mercenaria, invisible para el mundo, tangible para nosotros. Tai llegó desde Vietnam, Antki desde el desierto de Iowa, y Lua de la misteriosa Uganda. Ellos ocupaban la noche, yo el día.  Ellos a un lado del infierno, yo en el otro, cerca de la administración que no administra, pero que siempre reparte dosis de ayuda humanitaria con fecha de caducidad.  Tiempo y vida tejieron horas de belleza hostil.

Guardo de aquellos días un diario, poemas, algunas cicatrices  y el contrato que arrebaté a los dioses, justo antes de que el invierno nos mordiera con su habitual arrogancia.

Una noche, después de cruzar la frontera,  quemamos  juntos el incienso de los cementerios y prendimos en él nuestros miedos, el dolor antiguo que nos besaba, los días desdentados, las fechas de libertad que no llegaron nunca.

Todo se quemó en aquel fuego de abismos y caníbales. Todo menos este cuaderno de notas, poemas con piel de culebra y voz de epitafio. Sintaxis de un naufragio.

Empieza el viaje…

.

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PD: Fotografía de la película  Miracolo en Milano, deVittorio de Sica, con guión de Cesare Zavattini.

Texto del poemario inédito “EL contrato de los dioses”.

Campamento Dignidad, poemas para la conciencia

Presentación libro I

“Aunque comen allí, no es un pic-nic. Aunque duermen allí, no es una excursión. Aunque beben allí, no es un bar. Aunque viven allí, no es una vida. Se hacen llamar Campamento Dignidad y están señalando una puerta. No es cómodo ni divertido, pero es sin embargo un gesto digno: lo que se llama una protesta. Pertenecen a la Plataforma por la Renta Básica y la puerta que señalan es la del Servicio Extremeño Público de Empleo, fachada de las políticas de empleo de la Junta de Extremadura.”. Santiago Alba RicoLibro campamento

Hace unos días se presentó  el volumen colectivo Campamento Dignidad: poemas para la conciencia. 2013. Dicho libro, que recoge textos de varios autores entre los que me incluyo, se ha publicado para apoyar la lucha de los colectivos extremeños implicados en la Renta Básica, STOP DESAHUCIOS y Asambleas de Parados. Para mí es un honor participar en esta publicación donde solidaridad y poesía son el motor principal. Os dejo el correo donde podéis adquirirlo y un enlace. También su precio, 10 euros, que va íntegro a Campamento Dignidad.

Contacto: zambradistribuidora@gmail.com

acampadamerida@gmail.com o a lajaimadelverso@hotmail.com.

Y también se puede comprar aquí, pinchad en el enlace:

Para seguir en facebook pinchad aquí.

Y algunos poemas en el blog de “Las voces del extremo”.

Cultura y resistencia

El texto entero de Santiago Alba

Aunque comen allí, no es un pic-nic. Aunque duermen allí, no es una excursión. Aunque beben allí, no es un bar. Aunque viven allí, no es una vida. Se hacen llamar Campamento Dignidad y están señalando una puerta. No es cómodo ni divertido, pero es sin embargo un gesto digno: lo que se llama una protesta. Pertenecen a la Plataforma por la Renta Básica y la puerta que señalan es la del Servicio Extremeño Público de Empleo, fachada de las políticas de empleo de la Junta de Extremadura. Exigen dignamente dignidad para los 180.000 parados extremeños; exigen -es decir- empleo público y renta básica o, lo que es lo mismo, las condiciones mínimas para que un ser humano se convierta en un ser humano. O más exactamente: en un ciudadano.

Las revoluciones árabes ciñeron todas sus demandas en la palabra “karama”, “dignidad”. Es sin duda una palabra bien elegida, la cifra donde cristalizan todas esas demandas, sociales y políticas, que resumen la autodeterminación de la existencia: alimentación, vivienda, sanidad, educación, información, capacidad de decisión, libertad de movimiento, y ello con independencia de que se tenga o no un trabajo. Esas son las condiciones materiales y políticas de la dignidad humana y si no se tienen, si se nos roban, si se nos escatiman o se nos limitan, la dignidad consiste entonces en rebelarse, protestar, señalar colectivamente las puertas cerradas, las fachadas engañosas, los parlamentos vacíos. España -escribía hace poco- es cada vez más “una dictadura árabe”. Los compañeros de Mérida, con su gesto digno en pos de la dignidad, forman parte de esa marea anti-dictatorial cuyo oleaje baña ya otros continentes posibles. Han acampado en la lucha y beben, comen y duermen en la plaza común. E incluso se sientan de pie.

Santiago Alba Rico

Hotel de invierno

Prometí subir este poema el día de la Visibilidad lésbica, pero un montón de cosas me lo impidieron.  Para mis amigas Julia y Luna, capaces de iluminar el día más gris y tormentoso.  Lo prometido es deuda.

Lesbica bella

Hotel de invierno

La cama revuelta,
dos copas vacías
y un rastro de champán
sobre el sofá. Debió de ser allí
donde el sujetador
se independizó de mi cuerpo
sin referéndum alguno.
La elocuencia de tus manos
rompió el vértigo
de nuestra primera cita
y de los corchetes del wonderbra.

En el hotel impartían una conferencia
sobre “las cien formas más rápidas
de conseguir la felicidad”.
Aquella tarde
tu boca se perdió entre mis piernas.
Tengo que averiguar si alguna
de las sugerencias del conferenciante
recomienda tu lengua…
El resto fue una suite de Bach rompiendo
la guitarra de Jimi Hendrix,
hasta que tu marido
llamó dos veces al móvil
pidiendo instrucciones y respuestas.
El pequeño no quería cenar verdura
y a la mayor se le había infectado el labio
con el nuevo piercing.
¿Dónde está la salsa de tomate?,
¿y la mercromina?,
¿a qué hora vuelves de la reunión?

Al escucharle,
se te cayó el mundo a los pies,
y a mí me dio  risa verte así,
tan frágil y tan fuerte
al mismo tiempo.
Tan cerca de mí,
pero tan lejos.

Un café, deprisa,
que nos suban un café, me dijiste.
Y nos subieron por error
otra botella de  Moët Chandon que nos bebimos
entre sales de baño, confesiones y
cremas con sabor a frambuesa.
Cuando desperté,
tu perfume seguía danzando
por la habitación.
Sobre la mesa un café frío
y una nota cálida.
«No he querido despertarte.
¿Nos vemos el jueves?
Conduce con cuidado.
No sé si te amo,
pero sé que te necesito.»

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¿Cuánto vale el trabajo? Poema de Antonio Orihuela

Then Hocks, sin

¿CUÁNTO VALE EL TRABAJO?

Los cuidados recibidos durante el embarazo,
el amor de los padres,
la alimentación, el calzado, los vestidos,
la educación y especialización del trabajador.

Todas estas cosas, cuando entra uno en un trabajo,
¿cómo se miden?
¿van incluidas en el sueldo?

¿Entrarán en la próxima Reforma Laboral?

Título del libro: “Todo el mundo está en otro lugar”, de Antonio Orihuela. Edicciones Baile del Sol

Ralladuras

Huyamos antes de que yo crezca y tú te encuentres a un Borbón en cualquier esquina.

Niña elefante que baja

Se han encontrado trazas de un buen escritor en un bestseller.

Evitaré ir a la radio en los siglos venideros. No estoy para muchas tonterías. Así ha terminado la entrevista sobre poesía.No quiero comprar ropa vegana fabricada en India por niños esclavos. No comparto el veganismo que vive de espaldas a los seres humanos, me resulta contradictorio. Tampoco me interesa el
anticapitalismo que no se ocupa de los animales no humanos. El especismo me asquea y repugna cada día más. Detesto el capitalismo, entre otras cosas porque soy vegana, y soy vegana porque entiendo que el capitalismo es una máquina de destrucción masiva para todos los seres sintientes. El especismo produce una anestesia moral y ética tanto en la derecha como en la izquierda. Y dicho esto, me voy a zampar unas cartas preciosas entre Pier Paolo Pasolini y Maria Callas. Palabra de Corsario. A tener una tarde o una buena noche.

A mi abuela Gregoria le gustaba mucho el actor Gregory Peck. A veces, para hacerle rabiar, le decíamos: “Yaya, hoy echan una película de Gregorio Pérez”. Le disgustaba que le tradujéramos el
nombre. “No le llaméis así”, nos decía con gesto vietnamita.
La abuela, que era taurina y organizaba tertulias para comentar las faenas de los asesinos de toros, lo dejaba todo para ver a Peck interpretar a Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”, o en cualquier papel de abogado defensor de inocentes. Entonces, suspirando decía, “tiene que ser bueno, por fuerza, incapaz de matar una mosca”. Momento que aprovechábamos los nietos para recordarle que su Gregory Peck no podía ser torero, imposible, abuela. Y entonces se liaba una buena en casa.
A la abuela también le gustaba mucho Marlon Brando, al que yo llamaba Melón Blando. Esta fotografía de Peck me parece preciosa. Tanto rollo para subir una foto, lo sé, lo sé.

Foto: A mi abuela Gregoria le gustaba mucho el actor Gregory Peck.  A veces, para hacerle rabiar, le decíamos: “Yaya, hoy echan una película de Gregorio Pérez”. Le disgustaba que le tradujéramos el<br /><br /><br /><br /><br />nombre. “No le llaméis así”, nos decía con gesto vietnamita.<br /><br /><br /><br /><br />La abuela, que era taurina y organizaba tertulias para comentar las faenas de los asesinos de toros, lo dejaba todo para ver a Peck  interpretar a Atticus Finch en “Matar a un ruiseñor”, o en cualquier papel de abogado defensor de inocentes. Entonces, suspirando decía, “tiene que ser bueno, por fuerza, incapaz de matar una mosca”.  Momento que aprovechábamos los nietos para recordarle que su Gregory Peck no podía ser torero, imposible, abuela. Y entonces se liaba una buena en casa.<br /><br /><br /><br /><br />A la abuela también le gustaba mucho Marlon Brando, al que  yo llamaba Melón Blando.  Esta fotografía de Peck me parece preciosa. Tanto rollo para subir una foto, lo sé, lo sé.

Ralladuras propias

Poetizando en Galicia

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Poetizando en Galicia

Biodraminas que se enamoran de albariños
con resultado de empanada kilométrica.
Al atardecer, el trío se abandona en un sueño cómplice
de más de ocho horas. Diagnosis pornográfica y mística.
Misterio: la librería Vetusta aparece
y desaparece bajo los soportales.
Los trenes ya no están rigurosamente controlados.
La indignación en galego suena mejor.
La terraza del café “Los Literarios”
tiene escaleras que conducen al cielo.
La Plaza del Obradoiro es incienso alado.
El precio de un café es fluctuante
y esquizofrénico, dice el camarero,
serio como un reproche.
Si no estoy será porque aún no he venido,
o peor, ni siquiera sé si volveré,
le contesto.
Los poemas acabaron en un aplauso operístico.
Por fuerza esto no es Aragón,
ni Wisconsin,
ni Júpiter. Es Galicia.
Las habitaciones del hotel
se abren introduciendo sonetos
en la cerradura.
La luna invade la cama,
eres más sensual que ayer,
pero menos que mañana, susurra.

Una jornada digna de ser televisada.
Duele la muerte seca
de los pulpos acariciando
las vitrinas de los restaurantes.
Duele el mar que los delató
a los mercaderes,
duele el aroma triste de sus tentáculos
manchados de pimentón y niebla.
Días con denominación de origen para noctámbulos
o extranjeros, Biodramina 1 – Albariños 4.

Poema, El hombre con piel de ceniza

Piernas de DPt Pantera

El hombre con piel de ceniza

El hombre con piel de ceniza
desgarra con sus uñas
nuestros recuerdos,
mientras cambia
los códigos de la noche
y deshuesa las horas
que le quedan al día.

Le miro preocupada,
presiento que pronto seré
su próxima diana,
el centro de su interés especulativo,
La soga que detendrá
la libertad de mis caderas.
Y no hay ventanas ni puertas
por donde escapar.

El hombre color ceniza,
experto afilador de cicatrices,
dice que el día
es un accidente de la noche,
un experimento que salió mal
y que sólo él puede resolver
oscureciendo las horas a su antojo.

Ama la esclavitud de la amnesia,
el rencor de la nieve pisada,
el idioma salvaje de la ira.

Le miro asustada,
he visto mi nombre en la pizarra
de sus caprichos.
Ya es  hora de afilar el kaláshnikov
que oculto bajo la lengua
y de recuperar los días perdidos,
esos que el hombre con voz de ceniza
utiliza para pervertir los sueños.

En cuanto se dé la vuelta
y fije sus ojos de agua estancada
sobre mí,
dispararé…

Marta Navarro García

Dirán, un poema de abril

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Dirán que no os pertenece la lluvia,
ellos que ven una nube y  ya están vendiendo ríos
a los náufragos.
Dirán que la historia les pertenece,
mientras cientos de huesos rotos siguen aullando
en las cunetas.
Dirán que el día
es un error de la noche
y oscurecerán las horas
adulterando el tiempo que cuelga de los calendarios.
Dirán que dos y dos son cuatro,
cuando tú y yo sabemos
que dos y dos pueden ser cuatrocientos,
cuatro mil, cuatrocientos mil,
si nos lo proponemos.

Fotografía de Larry Towell

Poema, El último derviche

derviche recorta

Para Julio Ortega,  Yuri Tabashi y Ruth Toledano,
por mucho motivos y todos buenos.

La manera de romper el cielo

De la herida brotaban pétalos de flores
y nieve cruda,
a lo lejos el silencio
de una traición
cruzó apresurado el bosque.
No hubo indulto.
La sentencia se cumplió al amanecer.
Ya nadie cubrirá
con nieve la ceniza,
nadie le pondrá zapatos de cristal
a los cuervos,
ni rescatará del vertedero
la voz púrpura de los ancianos.
La nada es el todo,
la nada existe en la
no existencia.
Tú y yo no somos ya,
no existimos ni en el reflejo insomne
de una estrella.

En el último momento,
buscó mis ojos
y disparó una palabra.
Por un instante,
fui la soga que desgarraba su cuello
y reconocí bajo su piel alada
el vertedero,
la oscuridad que habito.

Mírame,
tengo las manos llenas
de leche degollada,
he ocupado mi estómago
con trozos de animales muertos,
me he comido sus miedos,
absorbiendo a través de sus venas
el perfume violento de los mataderos,
su agonía ha sido mi comida,
y a esto le hemos llamado
alimentación.

He destruido puentes,
vaciado la tierra
y extirpado de vida los mares.
Mi firma está sobre estas dunas de ceniza
y en el cabello sediento
de los niños soldado.
Bajo este cielo
de arcángeles violados,
a la pena de muerte
le llaman justicia.
Hoy más que nunca,
nuestro código de vida tiene la piel cosida
con pulso de suicida.

Para adormecer tanta locura
suministro días amnésicos,
quienes los prueban,
siempre repiten,
felices por no recordar dolor alguno.
Todos menos él,
que siempre buscó
las huellas del tigre en la nieve,
un derviche que ladeaba
su cuerpo hacia el cielo
reprochándole al infinito
tanta hostilidad.
Ahora que se ha ido para siempre,
la vieja serpiente coagula sin prisa
las emociones

Cazador,
limpia deprisa las últimas huellas
de vida honesta sobre la tierra.
Y cuando salgas,
no olvides cerrar la puerta
con nueve llaves,
pero antes,
asegúrate bien de que nadie vea
que del cuerpo del último derviche emana
una hemorragia de rosas.
De
rosas.

De “El último derviche”, Marta Navarro

Charles Dickens

El invierno con Dickens sabe mejor.

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Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo….

HISTORIA DE DOS CIUDADES

Dios salve a la reina pero confunda su política.  De  la novela  Nuestro común amigo.

 ” El número de los malhechores no autoriza el crimen”.

Charles  Dickens

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