Eme, escritura de Mujeres en Español

Una exquisita colección que pretender visibilizar la literatura escrita por mujeres.  Anotadlo, merece la pena. Calidad y literatura unidas.

Pinchad aquí para tener más información.

Y en facebook aquí.

Cuando se cumplen 25 años de Ediciones La Palma y con un amplio catálogo de autores, la editorial ve necesario crear una nueva colección específica: eme – Escritura de Mujeres en Español. El propósito es visibilizar la buena literatura escrita por mujeres. Juntaremos voces españolas con otras latinoamericanas, siempre de gran calidad que avalen el prestigio que ya arrastra del pasado la editorial”.

La dirigirá Nuria Ruiz de Viñaspre, que quizá por sentirse más autora que editora, cuidará extremadamente la relación con las poetas y sus obras.

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EN LEGÍTIMA DEFENSA. POETAS EN TIEMPOS DE CRISIS, de Bartleby Editores

EN LEGÍTIMA DEFENSA. POETAS EN TIEMPOS DE CRISIS.  Es un placer participar en  la antología de Bartleby Editores. Me encanta la portada, el contenido y la lista de magníficos poetas. Consultar la página de la editorial para más información sobre cómo comprar el libro, pinchad aquí.

La presentación del libro será el próximo jueves, 20 de marzo, en el Centro Cultural PILAR MIRÓ, de Vallecas-Villa (Plaza de Antonio María Segovia, s/n), a partir de las 18:30 h.

En este acto vallecano hemos pedido a los poetas que viven en nuestra ciudad (y su periferia) que participen leyendo su poema: Angelina Gatell, Ana Pérez Cañamares, Francisca Aguire, Manuel Rico, Javier Lostalé, Fanny Rubio, Gsus Bonilla, Carlos Álvarez, Ana Pérez Cañamares, Inma Luna, Alberto García Teresa, Rosana Aquaroni, Ángel Guinda, Julieta Valero, Juana Vázquez y Juan Ramón Sanz, entre otros, han confirmado su presencia. También contaremos con la participación del poeta y cantautor Ángel Petisme, quién además de leer cantará algunas de sus canciones-poema.

Bartleby

Bartleby 2

Otro artículo sobre la antología publicado en Eldiario.es, pinchad aquí.

Hasta siempre, querido Manlio Sgalambro

Desde luego marzo no ha podido empezar peor. Además de mi amigo Ernesto, hoy se ha ido Panero, y hace un rato mi adorado Manlio Sgalambro. Filósofo, poeta, cantante y un tipo formidable. Quien me conoce ya sabe lo mucho que significa Sgalambro para mí. Querido maestro, gracias por cada una de tus palabras. No me hago a la idea todavía. Un beso allá donde estés.

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Y una de mis preferidas “Teoria della Sicilia”

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V de Violetta, recital poético del 8 de marzo. Zaragoza,

Por todas las mujeres que lucharon por sus derechos, por las que luchan y por las que lucharán siempre.  Tomad nota, gente guapa. Dejad  que el invierno de nuestro descontento se transforme en glorioso verano bajo este sol poético de  York, digo, de Zaragoza.  Demos paso a la palabra, a la poesía y al vermú. Acompañadnos. Nos vemos.

Recital poético

Ecosistema y capitalismo

naturalezaurbana

“Ningún economista, ningún político es consciente del presente y aún menos del futuro, ninguno comprende que en la Tierra se puede comer porque las abejas son golosas y comunistas, y las flores ninfómanas flamencas con estilo, que se puede respirar sin pagar porque unas algas fabrican nuestro aliento de vida en el mar, Mar, Mar”   (Daniel Macías Díaz )

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Valor y riqueza

¡Expertos economistas calculan que “los servicios prestados por la naturaleza representan  alrededor de 54 billones de dólares!

Calculemos, hermanos y hermanas:

Los murciélagos estadounidenses valen 22.900 millones de dólares anuales.

¿Pero cómo se llega a evaluar esta importante suma?

Fácil, estos mamíferos, los únicos capaces de volar, son hábiles atacando plagas en miles y miles de kilómetros y esta cantidad de dólares equivale a la cantidad de insecticida que nos permiten ahorrar.

El trabajo  de tan esquivos y misteriosos animales es impecable.

Mucho más que el de los obreros especializados en plagas,mucho más.

Démosle gracias a los murciélagos estadounidenses y sigamos sumando.

Los insectos polinizadores  representan 190.000 millones,

sí, sí, habéis leído bien. De esta cantidad, 153.000 millones corresponden a las abejas.

No hay seguridad social que pagar, es más, cuando sobran,

están cansadas o son viejas las exterminan y vuelven a empezar. Y sin huelgas, ni nada que provoque pérdidas.

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Bosques Pongamos por ejemplo el caso de la fotosíntesis

que realiza el bosque francés, se calcula a partir del precio de mercado de la tonelada de carbono. 

Carbono, carbono, preciosa palabra.

El capitalismo adora la palabra carbono.

Para ellos, la naturaleza y sus recursos eran inagotables.

Quienes defendíamos que no era así, éramos sepultados con palabras como ecoterroristas.

Pero ahora el capitalismo ha encontrado huellas de ceniza en sus bolsillos.

Ha visto que  la degradación del medio ambiente avanza a pasos agigantados, que los recursos se agotan, y han llamado a sus  economistas para que sumen, sumen y sumen.

Economistas que extienden cáncer con azúcar en sus estadísticas, que habitan palabras sin huesos, que huelen a deforestación, que caminan entre cormoranes ahogados en petróleo.

Ellos son los encargados de vestir el capitalismo en su traje de medio ambiente.

Embutidos en un disfraz lleno de mangas y trampas,

el capitalismo anota en su carpeta azul nuevos mordiscos, nuevas inversiones, nuevas globalizaciones.

Medio ambiente en sus manos pasará a ser Miedo ambiente, como siempre.

Pero ahora que se desvaloriza la fuerza del trabajo,

ahora que vivimos una crisis económica que vapulea continentes y mercados, el valor, la riqueza de un bosque, de una abeja, de un murciélago,todo aquello que produce vida, que produce bienestar y que había sido saqueado, despreciado, mercantilizado hasta puntos insospechados, tiene hoy para ellos más valor que nunca.

La naturaleza adquiere un poder económico extraordinario.

Por eso andan comprando bosques, ríos, tierras donde abunde el agua, donde haya murciélagos, abejas, viento, biodiversidad.

Quieren ponerles precio, controlar su producción y proteger la biodiversidad.

No te fíes de su mantra, de sus eslóganes.

Ecosistemas y capitalismo son dos términos contradictorios. Siempre.

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Texto de Marta Navarro García

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Planeta

A CHRISTMAS CAROL, Charles Dickens vuelve otra vez

Gracias a Rajoy y al gobierno del PP, nuestro querido Charles Dickens está más vivo que nunca. Yo quisiera que esa presencia de Dickens sólo fuera en la literatura, pero desgraciadamente los recorte sociales, económicos, éticos y morales que el actual gobierno ha impuesto hacen que la realidad nos devuelva a tiempos pasados. A este paso, se acabará trabajando por un plato de comida. Dickens en la España de 2014.  ¡Viva Dickens, Rajoy Dimisión!

A CHRISTMAS CAROL

 by  Charles Dickens

¡Ay, pero qué agarrado era aquel Scrooge! ¡Viejo pecador avariento que extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebañaba, apresaba! Duro y agudo como un pedemal al que ningún eslabón logró jamás sacar una chispa de generosidad; era secreto, reprimido y solitario como una ostra. La frialdad que tenía dentro había congelado sus viejas facciones y afilaba su nariz puntiaguda, acartonaba sus mejillas, daba rigidez a su porte; había enrojecido sus ojos, azulado sus finos labios; esa frialdad se percibía claramente en su voz raspante. Había escarcha canosa en su cabeza, cejas y tenso mentón. Siempre llevaba consigo su gélida temperatura; él hacía que su despacho estuviese helado en los días más calurosos del verano, y en Navidad no se deshelaba ni un grado.

Poco influían en Scrooge el frío y el calor externos. Ninguna fuente de calor podría calentarle, ningún frío invernal escalofriarle. El era más cortante que cualquier viento, más pertinaz que cualquier nevada, más insensible a las súplicas que la lluvia torrencial. Las inclemencias del tiempo no podían superarle. Las peores lluvias, nevadas, granizadas y neviscas podrían presumir de sacarle ventaja en un aspecto: a menudo ellas se desprendían con generosidad, cosa que Scrooge nunca hacía.

Jamás le paraba nadie en la calle para decirle con alegre semblante: «Mi querido Scrooge, ¿cómo está usted?¿Cuándo vendrá a visitarme?» Ningún mendigo le pedía limosna; ningún niño le preguntaba la hora; ningún hombre o mujer le había preguntado por una dirección ni una sola vez en su vida. Hasta los perros parecían conocerle; al verle acercarse, arrastraban precipitadamente a sus dueños hasta los portales y los patios, y después daban el rabo, como diciendo: «¡Es mejor no tener ojo que tener el mal de ojo, amo ciego!»

Pero a Scrooge, ¿qué le importaba? Eso era precisamente lo que le gustaba. Para él era una «gozada» abrirse camino entre los atestados senderos de la vida advirtiendo a todo sentimiento de simpatía humana que guardase las distancias.

Erase una vez -concretamente en los días mejores del año, la víspera de Navidad, el día de Nochebuena- en que el viejo Scrooge estaba muy atareado sentado en su despacho. El tiempo era frío, desapacible y cortante; además, con niebla. Se podía oír el ruido de la gente en el patio de fuera, caminando de un lado a otro con jadeos, palmeándose el pecho y pateando el suelo para entrar en calor. Los relojes de la ciudad acababan de dar las tres, pero ya casi había oscurecido; no había habido luz en todo el día y las velas brillaban en las ventanas de las oficinas cercanas como manchas rojizas en la espesa atmósfera parda. Bajó la niebla y fluyó por todas las junturas, resquicios, ojos de cerradura, y en el exterior era tan densa que, aunque el patio era de los más estrechos, las casas de enfrente no eran más que sombras. Al ver como caía desmayadamente la sucia nube oscureciendo todo, se hubiera pensado que la Naturaleza vivía cerca y es taba elaborando cerveza en gran escala.

La puerta del despacho de Scrooge permanecía abierta de modo que pudiera atisbar a su empleado que estaba copian do cartas en una deprimente y pequeña celda, una especie de cisterna. Scrooge tenía un fuego muy escaso, pero la lumbre del empleado era todavía mucho más pequeña: parecía un solo tizón. Pero no podía recargar la estufa porque Scrooge guardaba el carbón en su propio cuarto, y seguro que si el empleado entraba con la pala su jefe anticiparía que tenían que marcharse ya. Por consiguiente, el empleado se arropó con su

bufanda blanca a intentó calentarse con la vela; no era hombre de gran imaginación y fracasaron sus esfuerzos. «¡Feliz Navidad, tío; que Dios lo guarde!», exclamó una alegre voz. Era la voz del sobrino de Scrooge, que apareció ante él con tal rapidez que no tuvo tiempo a darse cuenta de que venía.

«¡Bah! -dijo Scrooge-. ¡Tonterías!»

El sobrino de Scrooge estaba todo acalorado por la rápida caminata bajo la niebla y la helada; tenía un rostro agraciado y sonrosado; sus ojos chispeaban y su aliento volvió a con densarse cuando dijo:

«¿Navidad una tontería, tío? Seguro que no lo dices en serio.»

«Sí que lo digo. ¡Feliz Navidad! ¿Qué derecho tienes a ser feliz? ¿Qué motivos tienes para estar feliz? Eres pobre de sobra.»

«Vamos, vamos»-respondió el sobrino cordialmente-.«¿Qué derecho tienes a estar triste? ¿Qué motivos tienes para sentirte desgraciado? Eres rico de sobra.

Scrooge no supo repentizar una respuesta mejor y dijo otra vez: «¡Bah!» -y siguió con- «¡Tonterías!».

«No te enfades, tío», dijo el sobrino.

«¿Cómo no me voy a enfadar» -respondió el tío-, «si vivo en un mundo de locos como éste? ¡Felices Pascuas!

http://www.stormfax.com/dickens.htm

Una conversación pendiente

Judit Prat

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PENDIENTE

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Tú y yo tenemos una conversación pendiente. Una conversación con puertas giratorias y ventanas al sur. El sur de las cosas viste lencería de seda roja cuando acude al motel de los recuerdos. El sur, como yo, sufre ataques de hormonas rebeldes al escuchar tu nombre bajo el agua.

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Pero tú, tú eres frío como el sastre de Siberia que cose pantalones con hilos de iceberg, frío como un colchón de nieve, como el orgasmo de los obispos desdentados. En algún rincón de tu esbelta geometría lloran los urogallos del deseo y sé que al alba gritan mi nombre hasta desgarrarse. Tu almohada es mi confidente. Hace tiempo que el correo del zar trabaja para los bolcheviques enamorados.

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Tú y yo tenemos una conversación pendiente. Una conversación sin diplomáticos ni obreros del metal, sin el miedo acumulado de los mataderos, sin psicoanalistas de bosques, sin menús de verano, sin la crueldad de los matadores, sin el silencio de los cobardes. Te ofrezco la eternidad y un día para comernos este miércoles regalo del dios Neptuno. Llámame y empezaremos de nuevo.

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Fotografía de Judith Prat

La transición de las lagartijas, un poema.

Dedicado a algunos amigos de hace décadas a los que ya no reconozco.

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Naturaleza herida 2

La transición de las lagartijas

Nos vendimos poco a poco.
Nos compraron mucho a mucho.


Primero el viejo pantalón con olor a vermut y café
se convirtió en ropa albina,
más tarde la costumbre de habitar en las tertulias y los amigos
se transformó en citas a ciegas
y en largos tragos de tequila y cuchillos.
El trabajo voluntario de la asociación
pasó a ser el de asesor del concejal de juventud,
o de cultura, o de bienestar social,
o de parques, dinosaurios y jardines:
Puro metacrilato sin fronteras…
Los sueños de mayo se esnifaron
junto a la comida blanca
y las contraseñas clandestinas pasaron a ser
portadas de prensa obediente.

Cambiamos el viejo álbum familiar
por escaparates de neón.
Nos comimos la mejor luz,
la de la rebeldía,
y acabamos vomitando espejos
en la barra de un bar sin nombre y sin recuerdos.

Con la piel rizada y sin prejuicios anidamos
en las espesas caderas del poder.
Hasta que un invierno desbocado,
nos despertó la voz de nuestros antepasados
y descubrimos cómo el poder de la nada
lo devora todo,
lo cambia todo.

Los sueños por marketing,
la honestidad por negociación,
la igualdad por cuotas,
Gramsci por Paulo Coelho.
Y así, sin darnos cuenta,
el paisaje cálido y generoso
de los sueños llegó al matadero de las utopías,
ese lugar que un día inauguramos
entre copas y rosas huecas.

Todo lo que queríamos ser y hacer
se perdió en los bolsillos,
se las tragó una democracia imperfecta,
llena de estadísticas y sin luz.

Una democracia
llena de pájaros de hojalata.
Nos vendimos lentamente
y por nada.

 

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Marta Navarro García

Callejeros, de Chesús Yuste

Grafton

Callejero

Un relato de Chesús Yuste

[Publicado el 23 de agosto de 2012 en Heraldo de Aragón.]

Como a Leopold Bloom, me gusta callejear por mi ciudad. Salgo del Trinity College y me detengo a observar a la hermosa Molly Malone, seductora con su carro de pescado y mejillones. Me encanta observarla, pero ahora está rodeada de turistas fotografiándose con su generoso escote y no puedo esperar. Llevo prisa. Esta noche regresaré junto a ella, pero ahora debo seguir mi camino. Enfilo Grafton Street, intentando sortear a los caminantes con sus voluminosas bolsas de compras. Perfumerías, boutiques de moda, restaurantes, tiendas de discos e incluso librerías, todo lo que puedas imaginar a derecha e izquierda. Pero lo más hermoso está en el centro: Me divierte atravesar el bullicio. A veces juego a esquivar a quienes se arremolinan en torno a los músicos que iluminan la calle. Ahora dos muchachas pelirrojas interpretan La Primavera de Vivaldi. Las notas de sus violines se mezclan un poco más allá con un melenudo que golpea las cuerdas de su guitarra eléctrica destrozando los éxitos de U2. Deberían quitarle puntos. Aprieto el paso y me coloco detrás de dos preciosidades de faldas cortas y piernas largas. De repente se detienen y casi las atropello. Han decidido atender a un grupo de voluntarios que recoge firmas contra una autopista que pretende atravesar la histórica colina de Tara. El gentío me impide quedarme con ellas y debo seguir calle abajo hasta que el aroma inconfundible del buen café del Bewley’s me secuestra por un momento. Sueño con una humeante taza, cuando me devuelve a la realidad un guerrero medieval que blande su espada contra mí. Me escabullo por los pelos y me dejo arrastrar en medio de una familia de turistas hasta la próxima parada, donde un anciano sin dientes proclama sobre una caja de madera, de whiskey sin duda, la pronta venida de Jesús de Nazaret. Sorteo a los viandantes y alcanzo el final de la calle. Enfrente veo la entrada del parque de St. Stephen y acelero. Me salto el semáforo en rojo aprovechando que no vienen coches y me interno por el verde. Aire puro por fin y en pleno centro de la ciudad. Un lujo para este país de bardos y rebeldes. Cuando me siento seguro, un hombre intenta agarrarme. Respondo con un bufido, arqueo mi lomo, erizo mi pelo y, maullando, me subo en dos saltos al árbol más cercano. ¡Qué pesados son estos humanos!

Freedom

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No hay palabra más gastada y vulnerada que la palabra libertad.Tanto que duele pronunciarla.Tanto que una siente la necesidad de pedir perdón tres siglos seguidos por el mal uso dado.

 No te fíes de los que mucho la nombran, son los que más la apuñalan.

Eso sí, siempre lo han hecho, lo hacen y lo seguirán haciendo en nombre de la libertad.

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