Así empieza “El contrato de los dioses”.

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Para Tai, Ankti  y Lua. Y que el viento nos lleve al mejor puerto.

EL CONTRATO DE LOS DIOSES

En 1989,  Ankti, Tai, Lua y yo coincidimos en la frontera con Templeland, un lugar de latidos oscuros, de lluvia mercenaria, invisible para el mundo, tangible para nosotros. Tai llegó desde Vietnam, Antki desde el desierto de Iowa, y Lua de la misteriosa Uganda. Ellos ocupaban la noche, yo el día.  Ellos a un lado del infierno, yo en el otro, cerca de la administración que no administra, pero que siempre reparte dosis de ayuda humanitaria con fecha de caducidad.  Tiempo y vida tejieron horas de belleza hostil.

Guardo de aquellos días un diario, poemas, algunas cicatrices  y el contrato que arrebaté a los dioses, justo antes de que el invierno nos mordiera con su habitual arrogancia.

Una noche, después de cruzar la frontera,  quemamos  juntos el incienso de los cementerios y prendimos en él nuestros miedos, el dolor antiguo que nos besaba, los días desdentados, las fechas de libertad que no llegaron nunca.

Todo se quemó en aquel fuego de abismos y caníbales. Todo menos este cuaderno de notas, poemas con piel de culebra y voz de epitafio. Sintaxis de un naufragio.

Empieza el viaje…

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PD: Fotografía de la película  Miracolo en Milano, deVittorio de Sica, con guión de Cesare Zavattini.

Texto del poemario inédito “EL contrato de los dioses”.

Charles Dickens

El invierno con Dickens sabe mejor.

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Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo….

HISTORIA DE DOS CIUDADES

Dios salve a la reina pero confunda su política.  De  la novela  Nuestro común amigo.

 ” El número de los malhechores no autoriza el crimen”.

Charles  Dickens

Poema “El sastre de las palabras” (very personal post)

A mi padre, sastre y optimista militante

El sastre de las palabras

El sastre de las palabras busca entre las telas la vocal más azul. Enhebra la aguja con un pensamiento largo y sueña con la geometría perfecta de los días sin coser.  Un bosque de dedos cansados hilvana las horas y la solapa del cónsul del miedo. El traje debe estar listo antes de que llegue la nieve.

Pero las cosas, como las palabras y las personas, sienten la humillación de quienes las ignoran, y se organizan contra la dictadura de la tristeza. Los hilos de colores se rebelan contra el tergal y amenazan con un secuestro. Lo mismo pasa con las tizas y la máquina de coser.  El taller sufre una insurrección. El sastre de las palabras cree que  el botón de tréboles irlandeses podrá parar la hemorragia de la seda italiana y que los corchetes enmudecerán el bullicio de cientos de consonantes  indignadas.  El pobre ignora que un ejército de tijeras  le observa.  Sobre la mesa, miles de vocales insurgentes aúllan sin parar dejando una vendimia de versos en la habitación.

El invierno no tendrá su traje a tiempo, tampoco el cónsul del miedo.  El cansancio paraliza los dedos del sastre de las palabras. Sobre las seis de la tarde, abre la puerta del taller su hija, tiene unos doce años y una voz de chocolate con menta.  La pequeña intenta convencer a su padre de la necesidad de una estrategia vietnamita, urgente, descarnada, sin rendiciones, pero las puntadas del traje y los ojos de su padre le recuerdan que la cárcel no es lugar para un sastre, ni para un alquimista, ni para un vendedor de helados y de sueños, ni para nadie.

A veces, la hija del sastre se despierta en mitad de la noche y recuerda  a su padre y aquellos días de ojales, batallas y palabras. Ahora tiene cuarenta y siete años, el taller está cerrado y un dolor a democracia escayolada envuelve la ciudad.

El sastre de las palabras descansa en tierra noble, sabe que los amigos le despidieron con una canción cómplice. Palabras rojas y telas rebeldes le acompañaron hasta el final. Un final chejoviano con aroma de cerezos y trabajadores incansables. Hoy es siempre. Hoy es te quiero.

Callejero, de Chesús Yuste

Me ha gustado mucho este relato, describe una calle llena de vida de una ciudad que echo de menos con frecuencia… y además oculta cierto misterio, solo desvelado al final.

Callejero,  de Chesús Yuste

Como a Leopold Bloom, me gusta callejear por mi ciudad. Salgo del Trinity College y me detengo a observar a la hermosa Molly Malone, seductora con su carro de pescado y mejillones. Me encanta observarla, pero ahora está rodeada de turistas fotografiándose con su generoso escote y no puedo esperar. Llevo prisa. Esta noche regresaré junto a ella, pero ahora debo seguir mi camino. Enfilo Grafton Street, intentando sortear a los caminantes con sus voluminosas bolsas de compras. Perfumerías, boutiques de moda, restaurantes, tiendas de discos e incluso librerías, todo lo que puedas imaginar a derecha e izquierda. Pero lo más hermoso está en el centro: Me divierte atravesar el bullicio. A veces juego a esquivar a quienes se arremolinan en torno a los músicos que iluminan la calle. Ahora dos muchachas pelirrojas interpretan La Primavera de Vivaldi. Las notas de sus violines se mezclan un poco más allá con un melenudo que golpea las cuerdas de su guitarra eléctrica destrozando los éxitos de U2. Deberían quitarle puntos. Aprieto el paso y me coloco detrás de dos preciosidades de faldas cortas y piernas largas. De repente se detienen y casi las atropello. Han decidido atender a un grupo de voluntarios que recoge firmas contra una autopista que pretende atravesar la histórica colina de Tara. El gentío me impide quedarme con ellas y debo seguir calle abajo hasta que el aroma inconfundible del buen café del Bewley’s me secuestra por un momento. Sueño con una humeante taza, cuando me devuelve a la realidad un guerrero medieval que blande su espada contra mí. Me escabullo por los pelos y me dejo arrastrar en medio de una familia de turistas hasta la próxima parada, donde un anciano sin dientes proclama sobre una caja de madera, de whiskey sin duda, la pronta venida de Jesús de Nazaret. Sorteo a los viandantes y alcanzo el final de la calle. Enfrente veo la entrada del parque de St. Stephen y acelero. Me salto el semáforo en rojo aprovechando que no vienen coches y me interno por el verde. Aire puro por fin y en pleno centro de la ciudad. Un lujo para este país de bardos y rebeldes. Cuando me siento seguro, un hombre intenta agarrarme. Respondo con un bufido, arqueo mi lomo, erizo mi pelo y, maullando, me subo en dos saltos al árbol más cercano. ¡Qué pesados son estos humanos!

[Publicado el 23 de agosto de 2012 en Heraldo de Aragón.]

Presentación de El libro de los Milagros

Estoy fuera de la ciudad y no podré acudir a la presentación de  El libro de los milagros, pero os sugiero que no os lo perdáis vosotr@s. El libro de los milagros viene acompañado  de su autora, Carme Tierz, y de la ilustradora de la cubierta y las estampas del interior, Sobelman Corta Pega y con un presentador de lujo, Mariano Anós, actor, director de teatro, poeta y muchas cosas más. Vaya, que es para no perdérselo.

Será el miércoles 25 de abril en la librería Pantera Rossa de Zaragoza a partir de las 19 horas.

Podéis leer más pinchando aquí.

Muchas gracias a tod@s

Mil gracias por acompañarnos ayer en PULSIONES.  Todo salió muy bien, incluida la sorpresa en mi poema Hotel Lanchesmer y, cómo no, gracias a los organizadores de La Casa de Zitas y gracias a Pepe Montero por su original presentación. Pero qué voz tiene este hombre! El local se llenó de amig@s, gente en el suelo y en los pasillos, en un día donde había un montón de actividades en la ciudad, incluidas cenas republicanas. La ciudad se mueve, no se congela, aunque a veces lo parezca.

Ayer estaba de muy buen humor y decidí no ocultarlo, al contrario, lo saqué a pasear junto a los textos elegidos, textos que cambié unas horas antes.  Disfruté de mis compañeros muchísimo: Gustavo (Don Nadie) y su voz misteriosa, ancestral, llena de color y mantras, Charo de la Varga, imposible tener mejor compañera de sesión poética, y Miguel Ángel Ordovás, con su vídeo de poemas punzantes, urbanos, muy recomendable.  Gracias a Sagrario Manrique, a Montse Grao, a Ricardo Santa Bárbara y por supuesto a Víctor Recua que curró de lo suyo, antes de la sesión poéticomusical y durante la misma.

Gracias en especial a Carmen y José Luis, que vinisteis desde San Mateo de Gállego,  y a Teresa Salvador y Mar Lerín, desde Magallón,  ¡casi nada!

Y  mil gracias a todos y todas por vuestra complicidad en este sueño de una noche del 14 de abril.  Un beso,

Una parte del público

Charo de la Varga

Charo de la Varga

Miguel Ángel Ordovás

Gustavo (Don Nadie)

Una noche con Ed Harris

Concurso de relato breve “Noches de BV80″
El blog MÚSICA-TEATRO-PLÁSTICA-VISUALES y el blog ESTOY EN EL AIRE, con el apoyo de la editorial Libros del Innombrable convocan el I Concurso Internacional de Relato Breve “Noches de BV80″, con arreglo a las siguientes bases:

1. Podrá presentarse cualquier espontáneo, con su propio nombre o bajo seudónimo, con un texto original e inédito, en lengua castellana.
2.
El relato, de forma libre, tendrá una extensión mínima de 31 líneas, responderá al título “Una noche en el BV80 con Ed Harris” y versará sobre la idealización de una situación cualquiera con dicho personaje en el mítico bar BV80 de Zaragoza (España). Se añadirá un subtítulo que lo personalice.
3.
El texto se enviará por correo electrónico a la dirección nochebv80@gmail.com.
4.
Todos los relatos recibidos serán publicados en el blog de referencia: www.nochebv80.blogspot.com
Podeís leer más sobre el concurso pinchando aquí.

El tercer mundo, un cuchillo, dos lechugas y un poco de silencio.

Donde no llegan las medicinas
llega Coca-Cola,
bébete las chispas de sus vidas

y eructa.                                                                                 Antonio Orihuela


Llego a casa, pongo la radio. El director de una tertulia da paso a los invitados y al tema principal. Hablan de un país del llamado “tercer mundo” que se revuelve contra su gobierno. Un contertulio muy listo dice que es un país con mucho analfabetismo y que “los indígenas” andan algo engañados y borrachos de espíritu democrático, pero, vamos, que lo hacen engañados, que será cosa de meses. Me mosqueo. Apago la radio y, mientras preparo la cena, enciendo el televisor. En un programa hablan de  las últimas películas  que llenarán los cines,  ninguna referencia al cine español o europeo, ninguna.  Luego continúan con la imprescindible información sobre la nueva novia de un futbolista y como ésta ha modificado para bien los gustos del pateador de balones. También informan sobre la  disputa familiar por la herencia de un cantante y de la cara de felicidad de una famosa duquesa, no escribo su nombre porque me da alergia.Todo esto es información  fundamental para  no ser nunca analfabetos como en ese país que se revuelve contra el colonialismo de la solidaridad.

No sé cómo, pero he acabado acuchillando a la pobre lechuga de hoja rizada. ¿Qué culpa tendrá ella de tanto desatino? Me alivia pensar que no tiene sistema nervioso y no ha sufrido. Nada de lo que como sufre, me sienta bien pensar eso cuando lleno mi plato.  A los pocos minutos la tele estaba apagada. El silencio a veces es un regalo.

La felicidad en una imagen

Imposible tener pesadillas allí.

Háblale del mercado, de las mentiras de la prensa, de la desidia de los gobiernos, de la tristeza del tiempo que nos toca vivir, háblale de haber vivido por encima de sus posibilidades, háblale de la subida del pan, del precio del autobús, de las monarquías y sus ochenta ladrones. Háblale si quieres, pero no esperes respuesta. Su mundo es otro. Él, ella, está justo donde yo querría estar. Ella, él , son pura poesía.

“Escribo”, micropoema

Escribo sobre la sintaxis de tu cuerpo.
Agito el deseo y evito naufragios a destiempo.

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Fotografía: Jennier Hudson
Micropoema: Marta Navarro

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