Torrijas y poemas
26 abr 2011 16 comentarios
Poner una palabra
detrás de otra,
hasta llegar a la última.
Y cerrar con un
punto. Y que dentro
esté yo, o alguno
de vosotros,
o alguna. Haciendo
cualquier cosa
interesante.
Karmelo C. Iribarren
Torrijas y poemas
Una antigua vecina me ha atacado con una bandeja de torrijas horrorosas. Toma, toma, me salen riquísimas, prueba, prueba. Pero aquello parecían orejas despellejadas, ladrillos con chorreras dulces, algo espantoso. Debería incluirse en el código penal algún castigo por maltrato a la honrosa, prestigiosa y maravillosa torrija. Una torrija bien hecha es similar a un poema bien hecho. Una torrija mal hecha sabe como un poema ahogado en vinagre y rebozado después en azúcar. Por la dignidad de las torrijas… y de paso por la buena poesía.
¡Vivan Philip Larkin, Cristina Peri Rossi, Karmelo Iribarren y Seamus Heaney! Auténticos remedios contra la poesía diabética.
El artículo podría terminar aquí, o continuar un poco más. Depende del nivel torrijopoético de cada un@.
Hay que comer las torrijas de otros, para asegurarse de lo buenas o malas que están, hay que leer la poesía de otros, en lugar de estar todo el rato leyendo la de uno mismo o la de sus amigos más íntimos, en una especie de círculo plomizo que aporta mucho al ego, pero poco a la poesía. Hace unos días me preguntaron qué poetas estaba leyendo. Contesté que estaba disfrutando mucho con tres nuevos autores, pero que estaba releyendo a algunos de mis clásicos preferidos. Di los nombres de los que releía, y me quedé helada cuando mi interlocutor, poeta también, me contestó que no tenía tiempo de leer a tantos. Que ya había leído a bastantes. La lista que sugerí era amplia, pero no tanto. Al final reduje mi sugerencia a unos pocos, suprimí a los nuevos autores, de momento, y me fui a los que siempre releo.
Recomendé especialmente a:
Karmelo Iribarren por su maravilloso libro “Arrastrando la noche”, que enseña cómo en apenas unas líneas se puede trazar una historia llena de historias.
A Billy Collins por ese agudo sentido del humor e impecable poesía.
A Cristina Peri Rossi por esa joya que es “Play Station”.
A Seamus Heaney, porque es un maestro que siempre tengo cerca.
A Philip Larkin, porque nos aleja de la poesía romántica y diabética.
A Charles Simic, porque simplemente es imprescindible.
No tengo tiempo, me dijo. Nadie que escriba poesía puede decir “no tengo tiempo para leer a otros”. Nadie.
La lista es larga. Continuaremos…









Comentarios recientes