TAL COMO ÉRAMOS

UN AMIGO DE IDA Y VUELTA

Un amigo de largo recorrido se marcha. Y lo hace con la serenidad que le ha acompañado siempre, también con la seguridad de que en Nigeria otra vida le espera, una nueva vida en la que seguro hará brotar ilusiones y fuerza. Una de las raras habilidades de Luis es sacar lo mejor de cada uno.

Lo conozco hace más de dieciocho años. Nacimos en calles cercanas, estudiamos en escuelas cercanas, teníamos amigos comunes, pero fue una casualidad la que nos hizo conocernos, ser amigos, cómplices, novios, ex-novios y compañeros de trabajo. Y así, como quien no quiere la cosa, van y pasan más de dieciocho años, llenos de cafés, preocupaciones, viajes, discusiones, ayudas, llamadas a cualquier hora del día y de la noche, secretos y complicidad a raudales. Y eso, en los tiempos que corren, es mucho. Ser amigos durante tanto tiempo es algo mágico y digno de un brindis. Sobre todo ahora que las relaciones y la gente son, somos, tan efímeras, tan de plástico, tan falsas…

Luis se va, pero también se queda. Se quedan sus frases mañaneras, su palabras llenas de tranquilidad y su “Relájate, todo se arreglará, no te me agobies”. “Serénate, no seas tan piscis”. Ni se te ocurra escapar ahora, aquí quietecita Navarro”

Los amigos de Luis nunca han sido mis amigos, y mis amigos nunca han sido suyos. Nosotros hemos roto esa frase tan incierta de que “los amigos de mis amigos son mis amigos”. No, eso no ha sido posible.

Luis se va. Con sus inyecciones, vacunas, proyectos y libros y sueños. Se va un amigo, pero sobre todo, se va un hombre esencialmente bueno. Generoso hasta límites insospechados e incapaz de hacer daño, aunque se lo propusiera. No sabe hacerlo, le es imposible. Después de más de dieciocho años sé que no me equivoco al hacer este post. ¡Luis es un tipo increíble! y yo me he equivocado demasiadas veces, pero nunca con él. Luis no miente ni por equivocación, es cristalino. Y joder, cómo cuesta encontrar gente así.

Agradeceré a mi amigo sus enseñanzas sobre cómo controlar la tristeza y el dolor en momentos críticos. Me enseñó a sacar fuerza cuando es necesario y a encarar las situaciones difíciles con calma. Eso sí, Luis no me ha enseñado qué hacer con los nervios después. Creo que voy a tener una buena factura de móvil en el futuro. Luis y yo eramos de fijos, los móviles eran ocasionales. Hasta en eso le voy a echar de menos.

Esta foto de Luis la hizo otro buen amigo Yiuchi Itabashi. Me gusta mucho porque me recuerda tiempos estupendos. Años fuera de España y dentro de nosotros mismos. Tal como éramos.

Hasta siempre, Luis Blanco

Dejo aquí el nombre de mi amigo. Seguro que vosotr@s tenéis también a un amig@ de largo recorrido a quien recordar hoy. O mañana. O en cualquier otra ocasión.

Quiero darle las gracias al fotógrafo y bloguero José MIguel Larraz, más conocido en este blog por Capitán Larraz, por ayudarme con la foto.

Subido por Marta Navarro

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